UNA CARTA PARA VERSTOHLEN

UNA CARTA PARA VERSTOHLEN


"Hermanos humanos, que viven después de nosotros,
no tengan contra nosotros endurecidos corazones,
pues, teniendo piedad de nuestras pobres almas,
Dios la tendrá antes de ustedes.
" F. Villon

 
En los anaqueles de su desesperación, Hugo Verstohlen, halló una nota fechada para dos semanas al punto desde aquel día hacia adelante. Un poco incrédulo del chascarrillo, que quizás la angustia y el láudano le procuraban desistió a creer que aquella nota provenía de un futuro tan próximo, quizás le fuera más llevadero para sus entendederas tomar la nota con una fecha más lejana, y más por el contenido inscrito en ella. Cualquier nota luctuosa causa asombro en el hombre que la recibe, y ni qué decir del pobre Hugo Verstohlen, que tenía los nervios de puntas desde hace ya varias horas, cuando su buen amigo Victor Schuld había sido inmiscuido en los recientes disturbios atribuidos sin lugar a dudas por los anarquistas. El horror es algo que no solo hace profunda mella en los culpables y los pecadores, el horror, y a prueba de esto el mismo Hugo Verstohlen puede dar su palabra, es un sentimiento que se afinca con mayor profundidad en el corazón de un alma inocente como la suya.
-¿Qué hacer ahora?- meditaba para sí, el taciturno Hugo Verstohlen, mientras sostenía atónito aquella nota anacrónica que cifraba la fatal noticia de… -es casi un hecho que vendrán por mí, antes de caer la tarde- continuaba su monologo interior -¿A dónde ir?... ¿dónde puede esconderse un hombre que sabiéndose inocente de toda culpa es acusado por todos los hombres?... ¡Ay de mí! Si tan solo el tiempo me diera una chanza para despedirme de mi prometida, la dulce Klara Zeit…- la campanilla, interrumpió sus meditaciones estériles, el horror creció hasta hacerse una criatura fabulosa, corrió hacia la ventana que daba a la calle, y allí los vio, a ellos, aquellos funcionarios sin alma, de trajes oscuros, de altos sombreros y narices afilas hasta el punto de semejarse a médicos de la peste. Pero estos individuos tan oscuros, no venían a curar peste alguna, o tal vez si, si en un caso metafórico, Hugo Verstohlen fuera una especie de peste para la sociedad…
El tránsito entre la presentación pausada de los tres individuos con la criada, fue tan alongado, que Hugo Verstohlen tuvo tiempo, para tomarse el último trago de coñac, pensar que en las horas de la mañana del día siguiente su fiel amigo colgaría, junto con un grupo de anarquistas en la plaza pública, mientras el vulgo voyerista, destrozaría con insultos la honra de aquel, buen hombre, que tanto adoraba los versos de Villon y que cual su héroe perecería en tan nefanda manera…
-¿Qué destino me espera cuando esos hombres suban por las escaleras? ¿habrá una leve posibilidad de redención para un hombre como yo? ¿puede acaso la eternidad ser perpetua y la calumnia un estado soberano? ...- Pensó Hugo Verstohlen un poco más sosegado y tomando la nota la leyó nuevamente.

“Vendrán hoy por ti. Y dos semanas más tarde volverás aquí, angustiado y sin saber muy bien porque, repetirás nuevamente esta interminable escena.

H.V.”

Y volvió a dejarla en el sitio que la había hallado. En ese preciso instante tocaron a su puerta.

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