miércoles, 15 de febrero de 2017

Cómo desmotar briquetas

Muro compuestos por ladrillos de Chema Madoz


Naufraga la idea en una conversación sin porvenir… Dos intelectuales sobrios sentados a pleno sol en una banca de un parque. Armando Turia sufre de daltonismo, pero nunca eso le ha impedido ser un gran artista. No tiene los problemas de profundidad que tiene Aldo Tapias, para intimar con una dama. Las vidas de ambos son mohosas y cansinas, no son tan jóvenes como se espera de los héroes de un cuento contemporáneo, ni son tan viejos para empoderarse del título de sabios. A duras penas Armando Turia a leído una buena cantidad de libros obsoletos, que le han llenado la cabeza de palabras y sintaxis obsoletas (el dios creador de esta farsa supone que muy pronto Armando Turia perderá la cabeza y será quizás recluido en un pabellón olvidado de algún escritor ruso) Aldo Tapias, culpa a Lacan y Joyce de envenenar las elucidaciones historicistas de Armando, dotándola de una jergafasia intolerable. Pero Aldo no es una perita en dulce en el asunto, no señores, Aldo es harina del mismo costal, aunque se escuda  asegurando ser un aprendiz de filósofo y cree ciegamente  que sus palabras están llenas de significado (aunque casi todas son insignificantes), que son tan profundas como sus deseos reprimidos hacia el género femenino. En resumidas cuentas, el lenguaje de Aldo Tapias no supera la articulación semántica de un onanista parágrafo (El sabedor y organizador de todo este embrollo empieza a creer que estos dos intelectuales terminarán siendo compañeros en el acilo más pronto de lo que imaginan.) 
El capricho pasajero de un narrador extranjero ha tomado cartas en este asunto. Ahora el creador de estos dos intelectuales que discuten sin llegar a ningún punto, se ha paralizado de horror. A descubierto que Aldo Tapias le ha guiñado el ojo a Armando Turia, como gesto de complicidad. El teatro de grafías concretas se ha difuminado para los tres personajes en juego y con inusitado descaro se ha develado el engaño: el creador nunca estuvo allí presente como narrador omnisciente, incipiente o impotente, ni tomando la imprecisa figura de primera, segunda o tercera persona,. El narrador es un sueño, solo tuvo lugar cuando Armando Turia le confesó a Aldo Tapias que ya estaba cansado de charlar por entre los muros intentando fabricar un narrador en el cual depositaron su fe, para algún día los erradicara del recuerdo infernal de la inexistencia de la vida con solo escribir un texto muy similar al que esta aquí expuesto.