sábado, 31 de diciembre de 2016

Diez Libros


De las pocas cosas que podría rescatar en el naufragio de este año funesto que se ahoga, serian algunas de las lecturas realizadas, entre ellas libros que considero indispensables, como El criticón de Gracián en el que se puede apreciar cómo y porqué, vivimos en el engaño, anhelando una felicidad hipócrita o inexistente o La república de Platón en la que se logra atisbar porque vivimos aun gobernados por injustos, por hombres incapaces amparados en el manto lelo de una democracia mortecina alimentada por las opiniones necias del pueblo. Y otras lecturas de las que me llevé una grata sorpresa, como el caso de la narrativa laboriosa y envolvente de la Espiral de artillería de Padilla, los ingeniosos cuentos de Arreola, la sátira delirante de Swift con su Cuento de un tonel. Si he de saltarme otras lecturas tan geniales como los sueños de Quevedo, la poesia de Juan Ramón Jiménez, El pozo de Onetti, o los cuentos completos de Poe, no es por menor valía, si no por simple rigor de presentar diez libros que de algún modo ejemplifiquen lo heterogéneas y variopintas que han sido las lecturas de este año moribundo.

1.El criticón, Baltasar Gracián



















2.La República, Platón

















3.Espiral de artillería, Ignacio Padilla



















4.El jardín de los suplicios, Octave Mirbeau



















5.Narrativa completa, Juan José Arreola



















6.Historia abreviada de la literatura portátil, Enrique Vila-Matas



















7.Cuento de un tonel, Jonathan Swift



















8.Poética, Aristoteles



















9.Diario de un seductor, Kierkegaard



















10.Tartufo, Moliere

domingo, 23 de octubre de 2016

Parábola del sabio falso

por D. Velazquez

El bufón ha irrumpido en la corte con la funesta noticia, trae en su mano enjuta y verrugosa la extraña carta que que como enigma divino, nada atestigua:

"Una ráfaga de impotencia me ha dejado desnudo ante la periferia bruna de los lobos famélicos de la opinión.  Intento correr con estos pies de arena, pero el viento se perpetua a la contra. Una divinidad oculta se burla de mi templanza, que laboriosamente esculpí con desengaños y un profundo desprecio por las cosas que no son cosas, por ineficacias como la astucia y la promesa, por barbaries tan nefarias como una sonrisa o la lozanía.  La tormenta da sus primeros anuncios ante mi huida fallida, y hace barro toda mi forma y mi máscara de rey austero se deforma hasta simular un montículo donde el monstruoso enano de la envidia presume fundar su estirpe pero poco le dura la comedia, como caníbales imbéciles que son no tardan en comerse unos a otros y cuando solo queda el primero no tiene otra salida que el mismo degollarse y allí se forma un río de engaños que posiblemente servirá para saciar la sed de los corderos que se han perdido en aquel bosque donde yo una vez me perdí buscando la sabiduría." 


UN NECIO

domingo, 28 de agosto de 2016

De tu muerte me acuerdo todavia

A tu muerte voy, de tu muerte vengo.
Como espuma en la mar
mi sal de anhelos.
Promesa de nenúfar en estanque turbio.
Como voz de mujer enamorada 
                                        me arrastro,
Como la risa de los niños en la playa.

A tu muerte voy, de tu muerte vengo.
Voy dorado en oros sin el sol a cuestas
Vengo taciturno con tus recuerdos
En la arena
Voy sin ilusión, con tu ventura ausente
Vengo enamorado de tu muerte
                                       Ardiente.
Pero tu muerte caprichosa y necia,
                                      Incorruptible,
A la espera aguarda de la noche clara
Esa luz en osamenta que a los muertos
baña,
La morena luna de la nada.

sábado, 23 de abril de 2016

Tinta negra


Mi lengua entumecida
Por este siglo en ceniza
Do el genio es siniestro
Y la virtud alabastro.

El engaño a la orden del día
En sofisticadas mentiras
Do encantadores del verso
Con su flauta de naderías

Hacen bailar a los ciegos
Que de salto en salto
Como borregos van
Saltando a la ignorancia.

En pos de una paupérrima fama
Legos de ilusiones vanas
Con piedras en los bolsillos
Para ahogarse en mares de infamia.

¡Oh terrible lengua ancestral!
Que has ocultado tu faz
A los hijos de este siglo
Que famélicos y lelos están

Aguardando en las afueras del templo
Do la palabra se hizo fuego
Y agora el viento escupe su vaho negro

Tinta seca de otro tiempo.

jueves, 17 de marzo de 2016

Capítulo pérdido


Ahora está allí, ausente de… ansiosa por ser… su piel trémula, moribunda, renaciente, anhelante, gime por esos poros entreabiertos, su cuerpo una simulación, esa impostura daimónica de venus griega que ha sido robada y olvidada en una habitación mugrosa de Camden Town… atadas las manos dilatan el gesto de sus formas, el cabello es un péndulo que apunta al abismo y al infinito con el tic-tac de cada respiro exagerado. Una llave vieja se ha perdido, un hombre sin rostro la ha hurtado, ella ha dejado de creer en las promesas de todos los hombres, ahora solo quiere ser…. Esta cautiva, es la presa que se precipita a la rapiña, la inocente victima que espera con alevosía el juicio, la sentencia insospechada del verdugo. Intenta susurrar una melodía nerviosa, una escena de Ravel que nunca ha visto pero que su amante le ha contado tantas veces son apasionada labia, con esa voz sórdida de la necesidad fútil para hurgar con sus punzantes dedos en el secreto de su… parece una diva de antaño, una Rita Hayworth viciosa y depravada, más perfecta y sublime, de carnes prietas e infames ocultas tras  ese rostro de muñeca insolente y caprichosa. El crecento de los pasos, la melodía de corazón ponzoñoso. Se aproxima su conquista y su derrota, (el sueño de la muerte)  es ella el tesoro y la perdición del corsario, ella es la sirena que canta su propia marcha fúnebre. Los sentidos se agudizan, siente como la llave penetra en la grieta, como irrumpe en el cuarto, recreando el acto sacrílego, se gira la perilla, un leve gemido en la madera que suda de emoción o así lo parece, la piel de la sirena se congela con la leve briza voyerista que se instala en la habitación, sus respiros se incrementan, el corazón quiere morir, quiere lanzarse a ser… su redención esta próxima, lo sabe, presiente los pasos del chacal en la niebla. La balanza se inclina a la pluma perversa, el corazón solo quiere ser devorado, no recuerda el mañana y no le atormenta el ayer… El instante vivo, el instante superfluo, la razón de la vida, la necesidad de la muerte alegórica y tangible… alguien está allí, ¿es él? Solo puede ser él…el aire cortando sus tejidos, la firme mano acaricia su cabello, unos labios besan su corona, ella se deja seducir por la futura bestia, que nada conoce pero todo lo quiere hacer suyo… los dedos helados se deslizan delicadamente, redondean un seno, pellizcan infantilmente el pezón sonrojado, cada vez con más fuerza, la boca de hielo se abre con dolor y ansiedad, esos labios penitentes solo imploran amor, otra violenta garra le toma el péndulo de su cabello y lo sacude con ese impulso frenético de fiera, (no busca el infinito ni el abismo, aguarda el caos), en los forcejeos , su cuerpo se erige como una edificación tributaria para el rey Nergal, haciendo una figura cabalística, vibrante, indefensa, segura, contradictoria, indescifrable, laberíntica, quimérica, audaz, mordaz, canalla, sublime, locuaz, vital, enferma, enemiga, rutilante, recóndita, intima, saqueada, paupérrima, horrenda, deiforme, girasol de luna, cangrejo de fuego, lluvia y fuente de pena y placer… la suavidad de un infranqueable muro la oprime, su labios besan lo desconocido, lo invisible… de espaldas al asecho incertidumbre, no hay donde correr todos son muros, muros que se estrechan en esta enceguecida pasión… besos impuros colman sus voluptuosidades, un saludo de Hefestos la saluda, hace huellas, la somete, la lengua recorre el canal que se forma en su espalda haciendo un arco barroco, el portal fatídico de Minos, la lengua sigue circundando por el Aqueronte, sin Virgilio, sin Ulises, sin Eneas, sin Quevedo, al precipicio a la deriva, al lugar prohibido, los zarpazos de un cervario magullan las lunas de sus nalgas, los confines de sus muslos prehistóricos… Proserpina solo quiere un beso de su oscuro monarca, quiere que las fauces del Inframundo le arranquen la máscara mortal, ese ardid de ser que aun la oprime en la banalidad de un mundo huraño e hipócrita. Los colmillos se adhieren y ensañan en el infernal paraíso femenino, el dolor procura vida, la sabia del conocimiento perenne. El rumor de las alas de un precioso arcángel acaricia su oído izquierdo, es el más querido, el más infame. La pluma se trasmuta en la alquimia perversa, el inmaculado puñal pululando en la harina carnal, las dos cumbres sodomitas reciben el primer tributo. Ella se pierde en un grito mudo, el icor emerge con una brillantez y belleza desconocida… otro tributo, otra muestra de lubricidad ignota, el cuerpo sacrílego convulsiona con excentricidad y locura, una boca se posa en las bifurcaciones del Janto que floreció en sus montañas níveas. Se implora de nuevo un beso, aquel beso supremo, que está vedado. El puñal sube por el canal, por el arco barroco de la columna, se detiene maliciosamente en el cuello, un profundo respiro, es el amor añorado, Anubis se transfigura en instante, el péndulo ha dejado de moverse, ella quiere ser amada, quiere dejarse consumir por las llamas de esas caricias benditas del suplicio, por esos besos homicidas, por esa boca sádica.
El imperio de la sirena se rinde a la lujuria, su sentencia esta prescrita desde el origen de la primera falacia de Lilith… (Es mujer y demonio)

¡Oh vino de monarcas eternos!
¡Icor de mi fiel Amanda!
Todo se consume en la llama
De un eterno y anhelado beso.



martes, 8 de marzo de 2016

Soneto impuro para Mesalina (A. Krutikov)

Esa cabecita tuya que se pierde
por entre finos prados y sus fuentes
por fabulaciones de actos dementes
por las bocas amargas que el sol muerde

Ese infame cuerpo tuyo que me pierde
por entre breves sueños recurrentes
por espasmos lúbricos de tus muertes
por esa dulce boca mía que me muerde

Para llevarme más lejos del juicio
para revolcarme en infecto cieno
para ahogar mi yo en tu ocioso vicio.

Dejando atrás aquel obscuro invierno

do todo amor fatal es ya artificio.
desnudo mi alma ante tu sacro infierno

domingo, 6 de marzo de 2016

Soneto

No contemplaré tu rostro severo
Ni escucharé hoy tu voz disonante
Pero tu memoria crece gigante
En mi dolor de guardián carcelero

Corrieron sin freno los días de enero
Pasó ya la primavera campante
Huyó la nieve y la luna menguante
Más mi tristeza no haya asidero

Pero es a ti a quién hago este reproche
Porque eres tú quien no está aquí presente
Porque eres tú quien no está aquí esta noche

Quisiera ser yo quien esté ausente
Vagando por la sombra de la noche
Escapando de los ojos de la gente...


martes, 1 de marzo de 2016

Paroxismo

Quisiera pervertir el verso Quisiera marchitar la rosa Quisiera perpetrar la fosa De ese dios canalla y perverso Que de engaños hizo al universo Cual teatro de mentira y farsa Do la vida arde en viva brasa Do el tiempo que consume el hueso Soy el cuerpo de un recuerdo muerto Soy alegoría de un espejismo Soy forma sin razón, un mito Fui como un dios para mí mismo En lo florecido y en lo yerto De las cosas fui paroxismo

domingo, 28 de febrero de 2016

Soneto (He de morir solo y abandonado)

He de morir yo, solo y abandonado
En la penumbra de las horas recias
Do bailarán al son de mis tragedias
Todos los desengaños del recuerdo.

Augustas penas caen por el costado
Desta prisión que fue antes de alegrías
Albergue de pasiones dulces y agrias,
Desdicha como gozo yo he encontrado.

He nacido de la sombra y el silencio
Ya cansado de luces, hoy me vuelvo
Al silencio, sin vida y sin desprecio

Por la ilusión mortal no me conmuevo
 ni por los sueños deste cuerpo necio
Diletante, en la noche me renuevo



viernes, 19 de febrero de 2016

Oh soledad...

Oh soledad, traicionera mía
Me encuentro solo sin tu compañía

Entre la multitud ciega y ordinaria,
De ideologías huecas y falsarias.

Oh soledad, traicionera mía
Me encuentro solo sin tu compañía

Entre mi sombra y esa luna desvergonzada
Do pernocta mi oscura efigie desengañada

Oh soledad, traicionera mía
Me encuentro solo sin tu compañía

Entre la farsa y el teatro funámbulo del mundo,
desfiladero de pesares ante estos ojos falimundos.

Oh soledad, traicionera mía

Me encuentro solo sin tu compañía.

lunes, 1 de febrero de 2016

La enemiga

Postrado en su lecho, Carl Fleming Jung hijo de Gustav II, susurró en el oído de su primogénito: “Incuestionable es, mi querido Cástor, futuro rey de Turgovia, que la sombra que nubla ya mis visiones es el pago justo a ese voraz deseo mío, esa pasión que me llevó a hundirme en los misterios de esa quimera que se oculta tras el hado femenino, de ese demonio que es la mujer. Por el dios alado que cuida nuestro reino te juro he intentado refrenar este impulso bestial que me gobierna desde mis más dulces años. Pero mi sangre es pérfida y mi voluntad es débil, mi templada fe no pudo contener el brío que me redujo a ser el esclavo de los siniestros y delicados encantos de esa hija bastarda de la diosa Ishtar.
Ella, llegó cuando la dulce primavera bendecía los campos de nuestras tierras, llegó con una caravana de nómadas del sur. Iba yo recorriendo la plaza central acompañado de mis confiables centinelas. Y fue allí, donde la vi, tan resuelta y fiera, con esa piel indómita, privilegio de su raza que no conoce el encierro ni el castigo. Para mí fue lumbre divinal su mirar, que, con sus ensalmos, sus contoneos y artimañas, logró seducirme hasta a un humilde y clandestino tálamo de hierbas cerca del Rin, una vez allí, ante la luz de una luna roja, conjuramos los dionisiacos ritos. Fue mío su cuerpo entre suevas jadeos y caricias, hallé la gloria en su seno de loba mientras ella con su ágil mano empuñaba la daga con la cual la muerte penetró en mí por un costado, antes de perder todo el conocimiento vi en sus ojos el fulgor de una apacible venganza y en su risa el cariño de una hija y de una madre a su vez confabuladas. Luego de consumado el episodio, la tierna asesina desapareció por entre la hojarasca”.

Cástor que no era nada tonto entendió las aladas palabras de su padre y se fue en busca de la prófuga hechicera. Tardó seis noches en encontrarla en un escampado a las afueras de su reino al llegar, Castor se sintió intimidado con la presencia de aquella fugitiva que en vez temerle y esconderse parecía que le hubiese esperado allí desde siempre, sentada en calma al borde de un riachuelo. Castor empuñando su noble espada, ella descubriendo su pecho para ser sacrificada, la presa indefensa esperó la envestida del aguerrido cazador y no hubo ni un grito de súplica o de batalla, ni siquiera un pobre sollozo, todo fue tan vertiginoso entrambos, Castor saltó sobre su víctima con los ojos incendiados sin darle un respiro y le besó en los labios desencadenando la furia que guardaba en su valiente corazón, ella se dejó avasallar por el temible enemigo y consumaron allí mismo su propia venganza.  Al aparecer la luna nueva en el cielo centellante, Castor sonrió. El agravio ya estaba saldado.


domingo, 31 de enero de 2016

Oh, lira enamorada

Oh, lira enamorada
Del silencio morada
Del amor enemiga
Do recojo las migas

Y no se me da la cosa
Esa cosa caprichosa
Sin estandarte o arte
ser caballero andante

De amores peregrinos
Amores que fugazmente
No calarán en la mente
Oh amores paulatinos.

La carne no me llama
Aunque la pasión inflama
El deseo que es ciego
De un corazón mujeriego.

martes, 26 de enero de 2016

De este siglo oxidado


Melancolía, E. Munch
Siglo de estaño oxidado
De lengua plana y pesada.
El agua pura de otro siglo
(Glorioso siglo dorado)
Te avinagró los oídos y el alma
(con florecidos nardos)
Ahora naufragas siglo de mierda
En la vanidad de tus ojos postizos
De tu culo de sirena operada
(Tullida, enferma y delgada)
Corazón degradado del hambre
Que abres tus fauces de tumba
Moridero de lo profundo que
Puede albergarse en el cieno
                                (¿humano cieno del hombre?)
Dios sin criterio se ríe ufanado
De tu andar peripatético y vano
Y los niños te arrojan guijarros
Con el amor inocente del sueño
(sueño y espasmo de renacido)
Porque ellos aguardan tu muerte
La clara muerte que es tu mentira.
                                (espejo de trágica máscara)
Muere, muere y muere
Muere siglo estéril de una vez
Que los genios enloquecen en la espera
De tu insoportable y postergada vejez.

Coito de serpientes


Cabeza de Medusa, Rubens


Una voz augusta de sirena
Me muerde las piernas
Y es la esperma un río
Un caudal de anatemas,
Un poema antiguo y frío
Un adiós lejano de un rito
Que se diluye en los besos
Do en noches de verano avaro
Viene a donarme el celoso reptil
de fatuos ojos viejos y eterna cola de lis.
Y la niña de mis sueños mendigos
Se hace anciana en los recuerdos
De todas esas alegrías mortecinas
Que se durmieron en la alacena
Sin probar el pan amargo y tieso
Sin escanciar el negro vino de la vid
Que cultivaron los ciervos bobos
En el cristal tosco de algún afeminado jardín.

domingo, 24 de enero de 2016

Hijo de poeta

Edward Hopper, Excursion into Philosophy (1959)


Hijo de poeta sin padres,
sin flores ni rimas ni amores,
perdido en jardines de arena,
do agoniza una vana promesa.
buscando la luna de antaño,
que sueños azules soñara.
Ahora se asoma a la aurora
de un siglo situado en la nada,
un siglo que pretende y pretende
acallar el noble pasado con babas.

Una niebla de palabras sin Lorca,
do han muerto todos los poetas,
y proféticos se hacen los versos,
los amargos versos de Becquer,
y los juglares de turno bailando
con ostentosos mantos de sabios
orgullos andantes sin seso,
ambiciosas narices de fama,
infames alhajas sin brillo
que de facinerosa farsa hacen gala.


Han masacrado todos los versos
han mutilado al centauro y la lira
han mancillado a la ninfa y al fauno
usurpando el trono celeste del genio
con insípidas piruetas verbales
gramaticales argucias groseras
jactanciosas naderías de orates
alquimias de oro a excremento.

Y el hijo de poeta no es poeta
es un evocador de fracasos,
es un apasionado sin alma,
es un perseguidor sin presa
es un lunático sin luna 
es un Áyax derrotado y loco
un niño huérfano de sombra
y desenmascarada luz de belleza. 

viernes, 22 de enero de 2016

¿Porqué han de persistir los sueños?

Atardecer por Caspar David Friedrich


¿Porqué han de persistir los sueños?
Si ya la pesadilla de los días
Emula mis pasiones suicidas

¿Porqué han de correr las madrugadas?
Si ya la noche de tu ausencia
Eclipsa el sol de mis mañanas.

¿Porque ha de continuar la vida?
Si ya no sopla en mi recuerdo
el rumor de tu sonrisa

lunes, 4 de enero de 2016

CAPÍTULO XV (De un libro desconocido de Monner)

Ahora está allí, ausente de… ansiosa por ser… su piel trémula, moribunda, renaciente, anhelante, gime por esos poros entreabiertos, su cuerpo una simulación, esa impostura daimónica de venus griega que ha sido robada y olvidada en una habitación mugrosa de Camden Town… atadas las manos dilatan el gesto de sus formas, el cabello es un péndulo que apunta al abismo y al infinito con el tic-tac de cada respiro exagerado. Una llave vieja se perdido, un hombre sin rostro la ha hurtado, ella ha dejado de creer en las promesas de todos los hombres, ahora solo quiere ser…. Esta cautiva, es la presa que se precipita a la rapiña, la inocente victima que espera con alevosía el juicio, la sentencia insospechada del verdugo. Intenta susurrar una melodía nerviosa, una escena de Ravel que nunca ha visto pero que su amante le ha contado tantas veces son apasionada labia, con esa voz sórdida de la necesidad fútil para hurgar con sus punzantes dedos en el secreto de su… parece una diva de antaño, una Rita Hayworth viciosa y depravada, más perfecta y sublime, de carnes prietas e infames ocultas tras  ese rostro de muñeca insolente y caprichosa. El crecento de los pasos, la melodía de corazón ponzoñoso. Se aproxima su conquista y su derrota, (el sueño de la muerte)  es ella el tesoro y la perdición del corsario, ella es la sirena que canta su propia marcha fúnebre. Los sentidos se agudizan, siente como la llave penetra en la grieta, como irrumpe en el cuarto, recreando el acto sacrílego, se gira la perilla, un leve gemido en la madera que suda de emoción o así lo parece, la piel de la sirena se congela con la leve briza voyerista que se instala en la habitación, sus respiros se incrementan, el corazón quiere morir, quiere lanzarse a ser… su redención esta próxima, lo sabe, presiente los pasos del chacal en la niebla. La balanza se inclina a la pluma perversa, el corazón solo quiere ser devorado, no recuerda el mañana y no le atormenta el ayer… El instante vivo, el instante superfluo, la razón de la vida, la necesidad de la muerte alegórica y tangible… alguien está allí, ¿es él? Solo puede ser él…el aire cortando sus tejidos, la firme mano acaricia su cabello, unos labios besan su corona, ella se deja seducir por la futura bestia, que nada conoce pero todo lo quiere hacer suyo… los dedos helados se deslizan delicadamente, redondean un seno, pellizcan infantilmente el pezón sonrojado, cada vez con más fuerza, la boca de hielo se abre con dolor y ansiedad, esos labios penitentes solo imploran amor, otra violenta garra le toma el péndulo de su cabello y lo sacude con ese impulso frenético de fiera, (no busca el infinito ni el abismo, aguarda el caos), en los forcejeos , su cuerpo se erige como una edificación tributaria para el rey Nergal, haciendo una figura cabalística, vibrante, indefensa, segura, contradictoria, indescifrable, laberíntica, quimérica, audaz, mordaz, canalla, sublime, locuaz, vital, enferma, enemiga, rutilante, recóndita, intima, saqueada, paupérrima, horrenda, deiforme, girasol de luna, cangrejo de fuego, lluvia y fuente de pena y placer… la suavidad de un infranqueable muro la oprime, su labios besan lo desconocido, lo invisible… de espaldas al asecho incertidumbre, no hay donde correr todos son muros, muros que se estrechan en esta enceguecida pasión… besos impuros colman sus voluptuosidades, un saludo de Hefestos la saluda, hace huellas, la somete, la lengua recorre el canal que se forma en su espalda haciendo un arco barroco, el portal fatídico de Minos, la lengua sigue circundando por el Aqueronte, sin Virgilio, sin Ulises, sin Eneas, sin Quevedo, al precipicio a la deriva, al lugar prohibido, los zarpazos de un cervario magullan las lunas de sus nalgas, los confines de sus muslos prehistóricos… Proserpina solo quiere un beso de su oscuro monarca, quiere que las fauces del Inframundo le arranquen la máscara mortal, ese ardid de ser que aun la oprime en la banalidad de un mundo huraño e hipócrita. Los colmillos se adhieren y ensañan en el infernal paraíso femenino, el dolor procura vida, la sabia del conocimiento perenne. El rumor de las alas de un precioso arcángel acaricia su oído izquierdo, es el más querido, el más infame. La pluma se trasmuta en la alquimia perversa, el inmaculado puñal pululando en la harina carnal, las dos cumbres sodomitas reciben el primer tributo. Ella se pierde en un grito mudo, el icor emerge con una brillantez y belleza desconocida… otro tributo, otra muestra de lubricidad ignota, el cuerpo sacrílego convulsiona con excentricidad y locura, una boca se posa en las bifurcaciones del Janto que floreció en sus montañas níveas. Se implora de nuevo un beso, aquel beso supremo, que está vedado. El puñal sube por el canal, por el arco barroco de la columna, se detiene maliciosamente en el cuello, un profundo respiro, es el amor añorado, Anubis se transfigura en instante, el péndulo ha dejado de moverse, ella quiere ser amada, quiere dejarse consumir por las llamas de esas caricias benditas del suplicio, por esos besos homicidas, por esa boca sádica.
El imperio de la sirena se rinde a la lujuria, su sentencia esta prescrita desde el origen de la primera falacia de Lilith… (Es mujer y demonio)

¡Oh vino de monarcas eternos!
¡Icor de mi fiel Amanda!
Todo se consume en la llama
De un eterno y anhelado beso.