Sorbos automáticos de Luterius

Gustos, un vaso de cerveza michelada, autor positivista, sin flujo una revisión posterior no a priori en tiempo real imposible, la mecánica cuántica de lo absurdo, la palabra el absurdo, cardiaco, el aro sin entender el claxon de los movimientos semánticos, una linterna para inaugurar el mural de los lamentables augurios de la noche. Una virgen, una carita virgen de una niña que me mira cuando no me mira, en sus sueños yo la miro la espío, no sabe que ambos gritamos a la orilla del río, ¿Cuántas veces escribo poesía sin saber que es poesía? Poesía escribe cualquier marica que se auto proclama poeta, como un feto que se auto-proclama pre nato, como un augur que predice el pasado. Como los sofistas que beben la sangre de Epicuro, como los borrachos que bebemos los restos de la copa de Diógenes.
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Por cada trago una vomitada de palabras, difícil ejercicio no pensar olvidarse del mundo y del odio, la organización y su caos mediático automático, reproductor, como las vacas lecheras como los conejos y las religiosas ardientes, no me fascinan las almejas ni los pulpos, pero amo la salmuera, las miasmas de una concha virgen, inmaculada.
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Tercer sorbo, sorbo Sorbona, que asesinen a los ridículos, muerte a Rabelais, muerte a Moliere y al discurso del método, muerte a la razón, a los masones y a dios, y adiós palomita que te vas de mi mano, que te vas con fulanos como la papusa de un tango, en un firulete, en un lunfardo que no reconozco, vuela un mosco en tu risa y se filtra en tu mueca y rezuma en el escollo de tu sucia criatura de tu boca ya muerta.

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