miércoles, 8 de octubre de 2014

CONTRARIEDAD GÁSTRICA



Llevaba prisa y por poco pierde el autobús. Acometió una breve carrera para darle alcance el vehículo, subió un tanto agitado, pero para su alivio encontró al final del coche un puesto con ventana, apenas necesario para poder refrescarse durante todo el trayecto hasta la oficina. Poco a poco el autobús fue llenándose de pasajeros, y a su lado se vino a sentar una señora ya entrada en  carnes y en años, que bruscamente se acomodó despertándolo de un entresueño al cual se entregaba por ese entonces. Se espabiló un poco para ver si en el trascurso de su breve siesta alguna bella dama se había subido al autobús. Oteó por todos los puestos que le permitía el panorama, pero no encontró en donde reposar alguna fantasía lubrica matutina. Así que volvió a apoyar la cabeza en el bisel de la ventana, para echarse otro sueñito. Pero el traqueteo y los brincos del autobús no sirvieron mucho de arrullo y por el contrario parecieron propiciarle una mala mezcla estomacal. Pero no había porque preocuparse, faltaba poco para llegar a su parada y el autobús parecía llevar más prisa que él. Cerró por un instante los ojos intentando pensar en otra cosa pero la suerte y la modorra le jugaron una mala pasada, cayo presa del sueño, con el infortunio de haber dormido más de la cuenta, pues al entreabrir los ojos notó que se había pasado de su parada. Instintivamente se puso de pie y estiró la mano hasta el timbre, su estómago dio un agudo retortijón, respetuosamente pidió permiso para bajarse a la gruesa señora pero aquella mujer ni se inmutó, así que con cautela intentó pasar como pudo, pero justo cuando estaba a punto de franquearle, el autobús frenó de súbito haciendo que su vientre se apretara contra la barra de la silla del frente, haciendo que su esfínter se revelara ante todo pudor, y producto del impacto sus nalgas se afincaron por un instante en el rostro de la gorda, en el momento que el venenoso gas se dio a la fuga. Todo pasó en fracciones de segundos, no tuvo tiempo siquiera de ver el rostro sorprendido y ofuscado de la vieja vaca. De un solo salto logró escapar del autobús y emprender la huida.