domingo, 24 de agosto de 2014

Pasaje lúbrico para una novela inexistente


-Deja de tocarme la pija cuando estoy filosofando…-
-¿pero si la tienes tiesa… qué más hago?-
- déjala quieta, que mi pija esta filosofando… no ves que con la pija tiesa las lucubraciones navegan con más fuerza por todo el torrente sanguíneo, desde el glande hasta  mi otra cabeza. Las mejores ideas literarias me vienen con los huevos llenos. Y si por indelicadeza y majadería tuya, me drenas la leche, te llevas la savia que posiblemente empamparía en dos cuartillas de un verso…. No ves acaso, que el deseo es el motor que hace girar toda esta nave, este loco universo de posibilidades fallidas, de coitus interruptus, de pelotas azules y princesas rosas, de paraísos de heno, de… de… déjame la pija quieta, que me vuelves desmemoriado, que me descentro de mi meta antiorgásmica que busca irremediablemente el orgasmo literario. Preferiría en este momento que fueses como esas venos sin brazos, hermosa efigie que solo puedo contemplar, que no me puede tocar, descabezada y muda, que no puede hablarme pero que me dice tantas cosas, con los pechos al aire para llenarme de un heroico instinto lúbrico, de una calamitosa pasión que solo puede saciarse en la batalla de la sangre y de la carne… Quédate quieta, date la vuelta, quiero morder tus nalgas y emular al primer hombre que mordía en Eva ese fruto pecaminoso que procura la sabiduría y la desgracia de toda la humanidad…

-Realmente sabes cómo desplomar la calentura de una chica… siempre he creído que los poetas saben cómo usar la lengua pero veo que en tu caso, la lengua te sirve menos que los dientes… sh.. shh.. Toma pues mi culo y comételo en silencio, y quizás así podemos terminar la fiesta en paz…

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