sábado, 23 de agosto de 2014

Ejercicio desastroso bajo la lluvia de agosto

Arte por Richard Müller

Gratificante y devastadoramente podría a su vez entregarme a relatar los diarios paupérrimos e inexorables quizá, de mis más recientes experiencias. Pero el terror que circunda en cada acto pretérito me nubla y entumece cualquier intento de revolución en mi organismo, en cada uno de los pensamientos más elaborados y por ende más infecundos que he gestado en la cuna de mis derrotas, me imposibilita... Estoy pálido y ojeroso, pero nadie puede notarlo, todos simulan verme igual que siempre, este tipejo jovial, que siempre tiene una sonrisa para todos, aquel que en sus bolsillos mentales siempre guarda chascarrillos para vomitar como ramilletes infinitos de flores azules, en la saudade silenciosa que sacude a todos los autómatas de esta ciudad enfundada por las auroras mortecinas y los sueños suicidas del os mosquitos. Es probable que el calor haya provocado destrozos irreparables en mi melancolía, es probable que el infierno que se cierne sobre las cabezas este devorando inmisericorde cada esperanza cultivada en el viento trágico de una mentira. Duermo pocas horas, pero me paso gran parte del día en la cama, mirando para el techo, no logro concentrarme en lecturas que podrían en un ayer liberarme de esta pasma, de este amortiguado aniquilamiento… creo que es gracias a la lluvia, que he levantado el culo del camastro y me he sentado a escribir. Esa lluvia repentina y fugaz, ha permitido que por lo menos me cifre aquí y ahora frente a una pantalla en blanco que no me dice nada pero a la cual quisiera confesarle todos los pecados que jamás he cometido. El absurdo y la quietud son el signo que se dibuja hora tras hora sobre las tablas carcomidas del techo. La monótona queja parasitaria, retumba como un eco ancestral de orugas que me parieron en sus sueños mucho antes del tiempo, pero no habito en una crisálida, antes lo soñé, pero los sueños son falacias semejantes a la vigilia, no soy más que la envoltura de algo que yace en mi, algo muerto, pútrido y gris, algo que no tiene nombre pero que grita desde su tumba por que necesita ser nombrado para morirse en paz. Quisiera detenerme y contemplar el vacío para que…

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