viernes, 13 de diciembre de 2013

GOTAS DE ROCÍO


 ɸ Algunos necios podrán tomar por fabulado este relato, y dirán que sólo son los desvaríos de una cabeza loca como la mía. No soy quien para dar fidelidad a este retrato pero soy quizás el único testigo consiente que conoció todos los hechos de la misteriosa vida de Eleonora Corina... ɸ
Tristemente he dejado olvidado este relato entre mis papeles extraviados en una maleta en alguna estación de trenes, ahora no recuerdo nada, no recuerdo quien fue o aun sea, esa tal Eleonora Corina, pero gravita aun en mi mente un vago recuerdo de haber pasado horas buscando el significado de ese nombre, y que ahora toda esa pesquisa se ha perdido en el olvido. Entre mis notas de una libreta de bolsillo, he consignado un tema recurrente en mis actuales relatos, la nota solo decía: (Eleonora Corina: la inmortalidad). Podría ser que su nombre fuera extraído sin pudor de algún relato del febril poeta de Baltimore, eso no lo sé, quizás, fue un amor que por capricho de camas furtivas de moteles clandestinos y burdeles extintos designe a mi amante de turno…
He pasado noches enteras releyendo aquel brevísimo e inconcluso proemio, repitiendo en las madrugadas ese nombre femenino, pero el recuerdo jamás llega, he estado a punto de dejarlo en el olvido pero he sido testarudo y ahora en este instante cuando las melodías cósmicas giran en el absurdo fracaso de esta historia sin final, he descubierto el enigma, he deshilado el galimatías. La perfección de este relato inconcluso se resume a que en él convergen los tres temas más recurrentes en mis relatos: La alucinación, la inmortalidad y el olvido. Pero de un modo más subjetivo y a su vez mas descarnado, la historia perdida de Eleonora Corina, es mi propia historia, es la historia de mis obsesiones, de mi tragedia y delirio. Nada ha sido fortuito.
He dejado que el tiempo devore paulatinamente todos los rincones del recuerdo de la concéntrica historia, y que espectros indescifrables, multiformes habiten aquellas galerías desoladas, he descubierto, ya sin asombro que la memoria nauseabunda de esta historia se ha hecho arena pero no de aquella que estrictamente, cuenta nuestros días, si no de aquella misteriosa arena de la cual se construyen nuestros sueños, y como gotas de rocío han de caer trágicamente en aquel leteo donde he ahogado a la inmortal Eleonora Corina. Sea pues la vida onírica de Eleonora un enigma tanto para el lector como para mí.

En vilo, he dejado este relato que hace parte ya de las entidades del olvido y con no poco regocijo, me figuro libre de aquella pesadilla de ese recuerdo difuso que antes me gobernaba. Dejo entonces que nuevas seducciones fantasmagóricas avasallen la fantasía y me conduzcan a los limites inexplorados del sueño, donde vislumbro con agrado, inmerso en un cuento de hadas, el final de esta historia, donde sin más dilaciones y excusas, me trasformare en rocío de aquel manantial, y estaré al fin, junto a Eleonora por toda la eternidad y todo el misterio me será revelado.

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