miércoles, 18 de diciembre de 2013

EL CÍRCULO


Perdido se hallaba un triste hombre en un extraordinario laberinto de paredes invisibles y simétricamente infranqueables. Caminaba sin encontrar salida, sin reconocer las huellas de sus cansados pasos. Todo aquello le semejaba a un sueño, y por más que trataba de recordar cómo había llegado allí y hacia cuanto; la respuesta relucía inadmisible como la hechura de su sombra. Sus gritos parecían perderse en el recuerdo de su propio ensueño, se disipaban en un eco mudo y criminal, el horror de descubrirse allí, desorientado y observado por un ojo que desconocía, por la mirada implacable de un implacable guardián que se ocultaba en la oscuridad, un verdugo inhumano que quizás le asechaba, que se burlaba de él, de su impotente condición de perseguido, el viejo juego del gato ¿pero quién era en todo caso el ratón? Sospechaba que él era el acto central de un macabro espectáculo. Quizás él era la fiera enjaulada, el fenómeno de circo que se hacía ostensible al mundo exterior sin consentimiento y pudor. ¿Quién era su amo?

-… ¿estás ahí?... casi puedo sentir tu molesta presencia… sé que puedes oírme, yo puedo escuchar como repites cada palabra que digo como si fueras un fragor infinito. Te burlas de mí, tu maldita voz parece llegar a mí entre sueños. He llegado a pensar que no eres solo uno sino cientos, miles. El renuente eco que profieres con mis palabras robadas me da la ligera impresión de que este horrendo instante lo he vivido en incontables ocasiones, tus perturbadoras voces retumban en mi mente, no me dan vigilia, me despiertan de mis terribles sueños de fuga. – el desespero del hombre se incrementaba al sentir que todo esto no era más que una charada- ¿Qué dices? ¿Acaso tratas de regocijar tu pérfido juego recreando mi sufrimiento? ¡Muéstrate abyecto miserable! ¿Por qué te escondes tras estos intangibles muros? Si estuviéramos frente a frente creo que tu condición de soberano abatiría por los suelos y tú entrarías en mi terreno, jugaríamos este mismo juego (con el cual te diviertes) entre los dos… ¡Ja! Creo que eso no te causa tanta gracia ¿no es así? – Ninguna voz respondía a sus estratagemas, estaba presumiblemente solo en su etéreo cautiverio- … ¡Ah! Ya lo veo, creo que también tú, de algún modo haces parte de este monstruoso solaz, no eres más que un peón. ¿Eres acaso el guardián que custodia esta prisión donde me hallo sometido? Ó ¿eres un cínico depravado que ha pagado un par de monedas para saciar tu mórbido apetito voyeur, un espectador que se deleita con el relato de mi sufrimiento, intentando atrapar mis gritos, mis lamentos inaudibles? ¿Quién eres? ¿Dónde estás? ¿Qué puedes hacer por mí? ¿Estás realmente afuera de los confines de esta sórdida galería ó estas aquí dentro, conmigo, viviendo lo que yo vivo, sufriendo lo que yo sufro? ¡Aléjate! ¡Cállate! Que solo puedo conciliar mi sosiego cuando tus estrepitosos susurros desaparecen, en esos instantes encuentro la paz, el olvido, toda esta gran farsa desaparece y en el rumor del silencio, en la lejanía de mi anhelado futuro te presiento como un fantasma. Tu aliento me devuelve de entre los muertos, me hace revivir nuevamente mi condena, este círculo interminable que nunca termina, que da vueltas y vueltas, y aunque llegue a su fin comenzara de nuevo así tu hallas desaparecido por completo, sospecho que otro guardián seguirá tu perversa labor y yo seguiré aquí eternamente hasta que todas las voces y todos los guardianes callen y se desaparezcan en el abandono.- el hombre suspiraba inconsolable- puedo presentir que muy pronto he de repetir esta misma escena de cautiverio, siento como el giro llega de nuevo al punto de partida… ¡ah!- Grita el hombre con todas sus fuerzas pero es inútil- ¡déjame salir! Te lo suplico, sí tienes el don para hacerlo, confiéreme la libertad, corta mi cadena, rompe el giro interminable, entreveo irremediablemente que mi existencia entera depende de tu palabra, solo tu aliento puede apagar la vela que me ata a esta penumbra endemoniada. Me has convertido en eso, en una palabra, en una larga frase, en la historia de un hombre confinado en un laberinto de símbolos impronunciables. Te pregunto por última vez ¿eres el fabricante de este incongruente pesadilla? ¿Eres el cómplice azorado de aquel artífice que me confirió en este inagotable suplicio circular? Abandóname, permíteme que intente la huida en tu recreo, concédeme la muerte con tu silencio, con el olvido en tu mente de esta narración. Arráncame de tu memoria, concédeme el leteo de tus inconmensurables recintos. Por favor no empieces, no empieces de nuevo.

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