sábado, 28 de diciembre de 2013

Misógino y suicida (Acróstico)


Mi vida corta en alegrías
Imagen de mis largas agonías
Sádico ensueño trepidante
Ahogado en sucios lastres
No concibo un día sin el eco
Tirano de los días muecos,
Rezongados, célibes, estériles.
Ocultos tras la dicha mortecina,
Pintarrajeados con humor y trementina
Obstinados en la perenne lucha mía.

Yace ahora mi alma conmovida

Sobre el candor de un sueño enfermo,
Único tormento que ha de ser eterno
Icono de todos los errantes piojos
Cúmulo de saberes misteriosos
Ignotos, falaces y onerosos
Dados a los locos y los leprosos
Amantes del odio a la vida sin ojos.

miércoles, 25 de diciembre de 2013

Fantasía de un andoba endemoniado


“Se me ocurrían ideas de pobre hombre, manías de Cabrón…” Céline

Tenía que salir a la calle y romperle la cara a cualquiera, necesitaba curarme... podía fingir que las sirenas y los oniros jamás habían fornicado sobre mi cama, pero el susurro de los búhos trepidantes y espías me lo habían confesado... mis asuntos más remotos habían sido profanados… ahí está ese idiota del pasado que fui yo la noche anterior, de espaldas al ensueño de seres fantásticos, frente al ordenador intentando escribir otro cuento fracasado, falto de imaginación, falto de ese toque que tienen los genios ingenuos de la literatura, porque el genio no llega por acierto premeditado, sino por un profuso azar de los azares… así que mientras yo malgastaba mis últimos cartuchos de locura equilibrada, los parias aprovechaban para sus horrendas jodiendas de madrugada, concibiendo monstruosos recuerdos que nunca pude atesorar, quizás alegrías infinitas que me hubieran ayudado a facilitar la salida por la puerta trasera... pero no! Yo, la estrellita fracasada ambicionaba otros planes, clavar mi culo por horas infructuosas, estériles, mirando hacia la nada, esperando que la verdadera jodienda, tenía un propósito tarumba y era echarme de un tirón, la porquería de miedos invadía mi insomnio, era momento de devanarme los sesos tratando de articular vocablos imprósperos e imposibles... vine a comprender que no había salida, estaba atrapado en un manojo de manías obsesivas que me retenían entre dos mundos, llegaba el cochino calor del sol y los espíritus fornicadores se habían ido... Yo, el de ojos irritados, pudriéndome de la gastritis por tantas botellas apiladas en un rincón… yo, era yo el obstáculo, la muralla que se interponía entre la ensoñación y la palabra, era yo el canalla que propinaba el aborto sangriento de una criatura literaria, era yo iluminado en mi infortunio y epifanía, era y... vuelto a la cordura de los andobas, de los autómatas que piensan en el porvenir de sus vidas muertas, añorando el día de la resurrección de los palmados por un Cristo que ni ellos mismo alcanzan a imaginárselo más inadmisible e infrareal, debía sumergirme en el anonimato de las sombras furtivas de la mañana, poseso y alienado, víctima de espasmos musculares y retumbos en las sienes... tenía que salir a la calle y romperle la cara a cualquiera, necesitaba curarme...

viernes, 20 de diciembre de 2013

Natalicio de un apóstata


Enigmático regalo que me brinda el inconsciente, levantarme presuroso a releer Tres versiones de Judas y de allí, como poseído por una potestad del inframundo repito nuevamente La secta de los treinta, ambas historias del autor fervoroso, sabio en la bruma de las calles de Buenos Aires. No contento con esta posesión Salomónica o cabalística (Como quiera cada quien interpretar), me inclino a concluir las lecturas del casi fingido Fausto de Marlowe. Un macabro misticismo, me embriaga, y vuelve a mí, la figura idónea de un demonio con cabeza de gallo, dejo las runas a un lado, la fe y la cordura, asumo el instante infinito que antecede a la muerte, en claro de un agua infernal mi reflejo se trasforma en el espejo del ahorcado. Mi espíritu se ensaña de un extraño alejamiento, una mezquindad divina hacia aquellos que hasta hace un breve instante llamaba mis hermanos, pero que con ufana epifanía vislumbro ahora mas rastrero que aquel vil reptil que condenó a los primigenios padres de la Historia del fecundo Milton, al oprobio y el desagrado de su Dios egoísta. Busco el refugio en el misterio, en el enigma de la esfinge incorpórea de ese libro innombrable que yace olvidado en esa biblioteca que visitan los Oniros. Aguardo sin prisa alguna, al borde del árbol de los muertos, alguna señal redentora que direccione la incertidumbre y el desarraigo que hoy custodia mi natalicio. Soy de la herencia cainita, de la progenie absoluta de hombres quiméricos y como proscrito de su signo espero en la calumnia de mis años, la bendición de la muerte y el pecado, mientras reniego tres veces de mi  fantaseado onomástico.

miércoles, 18 de diciembre de 2013

EL CÍRCULO


Perdido se hallaba un triste hombre en un extraordinario laberinto de paredes invisibles y simétricamente infranqueables. Caminaba sin encontrar salida, sin reconocer las huellas de sus cansados pasos. Todo aquello le semejaba a un sueño, y por más que trataba de recordar cómo había llegado allí y hacia cuanto; la respuesta relucía inadmisible como la hechura de su sombra. Sus gritos parecían perderse en el recuerdo de su propio ensueño, se disipaban en un eco mudo y criminal, el horror de descubrirse allí, desorientado y observado por un ojo que desconocía, por la mirada implacable de un implacable guardián que se ocultaba en la oscuridad, un verdugo inhumano que quizás le asechaba, que se burlaba de él, de su impotente condición de perseguido, el viejo juego del gato ¿pero quién era en todo caso el ratón? Sospechaba que él era el acto central de un macabro espectáculo. Quizás él era la fiera enjaulada, el fenómeno de circo que se hacía ostensible al mundo exterior sin consentimiento y pudor. ¿Quién era su amo?

-… ¿estás ahí?... casi puedo sentir tu molesta presencia… sé que puedes oírme, yo puedo escuchar como repites cada palabra que digo como si fueras un fragor infinito. Te burlas de mí, tu maldita voz parece llegar a mí entre sueños. He llegado a pensar que no eres solo uno sino cientos, miles. El renuente eco que profieres con mis palabras robadas me da la ligera impresión de que este horrendo instante lo he vivido en incontables ocasiones, tus perturbadoras voces retumban en mi mente, no me dan vigilia, me despiertan de mis terribles sueños de fuga. – el desespero del hombre se incrementaba al sentir que todo esto no era más que una charada- ¿Qué dices? ¿Acaso tratas de regocijar tu pérfido juego recreando mi sufrimiento? ¡Muéstrate abyecto miserable! ¿Por qué te escondes tras estos intangibles muros? Si estuviéramos frente a frente creo que tu condición de soberano abatiría por los suelos y tú entrarías en mi terreno, jugaríamos este mismo juego (con el cual te diviertes) entre los dos… ¡Ja! Creo que eso no te causa tanta gracia ¿no es así? – Ninguna voz respondía a sus estratagemas, estaba presumiblemente solo en su etéreo cautiverio- … ¡Ah! Ya lo veo, creo que también tú, de algún modo haces parte de este monstruoso solaz, no eres más que un peón. ¿Eres acaso el guardián que custodia esta prisión donde me hallo sometido? Ó ¿eres un cínico depravado que ha pagado un par de monedas para saciar tu mórbido apetito voyeur, un espectador que se deleita con el relato de mi sufrimiento, intentando atrapar mis gritos, mis lamentos inaudibles? ¿Quién eres? ¿Dónde estás? ¿Qué puedes hacer por mí? ¿Estás realmente afuera de los confines de esta sórdida galería ó estas aquí dentro, conmigo, viviendo lo que yo vivo, sufriendo lo que yo sufro? ¡Aléjate! ¡Cállate! Que solo puedo conciliar mi sosiego cuando tus estrepitosos susurros desaparecen, en esos instantes encuentro la paz, el olvido, toda esta gran farsa desaparece y en el rumor del silencio, en la lejanía de mi anhelado futuro te presiento como un fantasma. Tu aliento me devuelve de entre los muertos, me hace revivir nuevamente mi condena, este círculo interminable que nunca termina, que da vueltas y vueltas, y aunque llegue a su fin comenzara de nuevo así tu hallas desaparecido por completo, sospecho que otro guardián seguirá tu perversa labor y yo seguiré aquí eternamente hasta que todas las voces y todos los guardianes callen y se desaparezcan en el abandono.- el hombre suspiraba inconsolable- puedo presentir que muy pronto he de repetir esta misma escena de cautiverio, siento como el giro llega de nuevo al punto de partida… ¡ah!- Grita el hombre con todas sus fuerzas pero es inútil- ¡déjame salir! Te lo suplico, sí tienes el don para hacerlo, confiéreme la libertad, corta mi cadena, rompe el giro interminable, entreveo irremediablemente que mi existencia entera depende de tu palabra, solo tu aliento puede apagar la vela que me ata a esta penumbra endemoniada. Me has convertido en eso, en una palabra, en una larga frase, en la historia de un hombre confinado en un laberinto de símbolos impronunciables. Te pregunto por última vez ¿eres el fabricante de este incongruente pesadilla? ¿Eres el cómplice azorado de aquel artífice que me confirió en este inagotable suplicio circular? Abandóname, permíteme que intente la huida en tu recreo, concédeme la muerte con tu silencio, con el olvido en tu mente de esta narración. Arráncame de tu memoria, concédeme el leteo de tus inconmensurables recintos. Por favor no empieces, no empieces de nuevo.

lunes, 16 de diciembre de 2013

Incertidumbre


Hace tiempo cuando mis cabellos no eran aun canos, fui participe silencioso de una épica contienda por mi alma. Dos venerables espíritus se citaron en mi biblioteca para batirse en duelo, mientras yo inocente realizaba mis primeras lecturas a los libros de alquimia que heredé prematuramente de mi padre. Aquellos sublimes fantasmas aseguraron ser las empíreas potestades del bien y el mal, creadores de todo lo creado y lo que aun esta por ser creado, reyes absolutos del cielo y el infierno, eternos enemigos que habían venido hasta aquí, frente a mis fatigados ojos juveniles, para que fuese yo, el juez imparcial de la inmortal contienda. El espíritu seductor, ágil y luminoso, que se atribuía a sí mismo como el hacedor de la bruma fue el primero en presentarse: querido hijo, he ascendido de mi reino oscuro para luchar con mi refulgente espada ante este viejo desgraciado, para liberar tu alma del triste yugo te ha impuesto sin ningún consentimiento, faltando a la promesa decretada del libre albedrio y que el hipócrita asegura haber respetado- el otro espectro, que relucía más severo y soberano lo miró con una impasible cólera, que fácilmente acunaba el poderío de mil rayos, pero se limitó a decir con voz muy queda: Ea! pues hijo mío, sabes que no necesito presentación alguna, yo soy el que soy, y he venido acabar con este vástago podrido de mi estirpe, de una buena vez ante tu inocente y humana mirada, se pues de una vez espectador y juez de esta victoria mía y apresúrate a dar la orden para que inicie la contienda, para que así acabe yo sin más dilatación de los tiempos con este espíritu dañino que te ronda- desenvainando su noble espada relampagueante espero impaciente mi anuncio, mientras yo, pobre estudiante de los pueriles misterios de pequeño mundo nuevo que intentaba descifrar por ese entonces, no sabía muy bien qué hacer, y presa de la desesperación y la incertidumbre intente huir de aquella habitación, pero mis miembros flaquearon, me fue inútil despegarme de mi asiento, mis piernas parecían fijadas al suelo, y cuando así, sin remedio, resignado y triste, ya dispuesto, sin animo alguno, a proferir el inicio del cruenta batalla, salvado fui por una tercera presencia que apareció en medio de estos dos titanes etéreos, la figura era de una increíble y deslumbrante belleza, era una dama rubicunda, de gráciles y desnudas formas, que sonriente así me habló: he venido aquí, según me has llamado hijo querido, y es pues mi labor librarte de estas molestas presencias que te agobian- y al terminar su modesta presentación, con una sutil mirada hacia aquellas figuras, que temblaban ante ella, los fulminó en tan solo un parpadeo, y ni cenizas quedaron de ellos en su sitio. –ahora eres libre, hijo mío. Me dijo – ya puedes caminar por el mundo libre de aquellos patéticos fantasmas, ve tranquilo por tu vida ya que tu madre siempre te acompaña- dicho esto parecía desvanecerse ante mis ojos, pero yo armado de ansiedad y misterio le pregunte-¿Quién eres?- y la soberana criatura me respondió antes de evaporarse para siempre –Primero fui llamada Lilith por uno de estos de estos impostores y luego entrambos me llamaron Eva, mas mi nombre no puede ser pronunciado, soy yo pues, la madre creadora de este mundo al cual con afanoso deseo te adentras, soy la diosa sempiterna de la duda-. Al extinguirse la suprema figura, volví de nuevo a mis libros sagrados y todo aquello que antes me parecía nublado me fue para siempre revelado.

sábado, 14 de diciembre de 2013

La gallina





No se puede negar que Epifanio Burgos era un tipo de recurrente ingenio imaginativo, tenía esa chispa mágica para decir las cosas y entre las damas no podríamos objetar que tenía dotes de un don Juan. Le gustaba el vino y los tangos de antaño, su voz era potente y dulce digno exponente de la nueva ola gaucha. Quien iba a pensar que ese buen tipo, ingenioso y de buenas costumbres ocultara tal impostura y particulares manías. Tenía una noviecita engalanada, rubia, de ojos saltones, piel de porcelana y sonrisa coquetona. Pero parece ser que las carnes ampulosas de esta hembra no le eran suficientes para calmar sus pulsiones. Puedo parecer un deslenguado, pero aquel rumor ponzoñoso de sus andadas no es mío sino del mismísimo Edmundo Córcega, colega del instituto, fiel amigo de nuestro calamitoso héroe. Según Córcega, el mismo había presenciado como Burgos, andaba elegante como siempre, presuroso con una gallina bajo el brazo. Escena absurda que al parecerle ante sus ojos de tan alto paroxismo cómico prefirió hacerse sombra silenciosa y seguir el desenlace de aquel episodio. Burgos caminó tres cuadras desde la plaza de mercado, donde al parecer adquirió el plumífero animal, surcó la izquierda un par de veces, sin dejar de mirar nerviosamente hacia atrás. Córcega cumplió magistralmente su labor detectivesca sin ser notado por Burgos, que luego de dos absurdas vueltas a una misma manzana, se detuvo en una casona de mala muerte, donde tocó el timbre mortecino, abrió una vieja escuálida y medio ciega que lo dejó pasar luego de recibir un par de monedas. Intrigado Córcega espero un par de minutos, dudando que hacer, un tanto inquieto, al fin tomó un hondo respiro y tocó la puerta de la derruida casucha. Golpeó tres veces y la vieja abrió, el apestoso hedor a col marchito que transpiraba la vieja casi depone su temeraria osadía, pero haciendo uso de una respiración vocal, pudo sobrellevar la primera prueba. –¿Qué quiere?- dijo la vieja apestosa, Córcega, ocurrente, diviso hacia adentro de la casa por la pequeña hendija –quiero un cuarto- respondió por donde asomaba el vetusto rostro y descubrió a qué tipo de antro se había colado su amigo –quiero un cuarto- respondió. La vieja estiro la mano callosa y huesuda como la de un cadáver –son veinticinco centavos- -¡mierda!- pensó para sí el pobre Córcega –me saldrá caro esta extraña aventurilla, ojala valga su peso en oro- saco las monedas y se las entrego a la vinagrosa anciana, que lo condujo por un estrecho corredor donde se filtraba de algún lado una melodía de ordinario folclor -¿espera usted a alguien o gusta deleitarse con una de las chicas o quizás unos buenos folletines, eh? porque si espera a alguien debe saber que son cinco centavos más, no vaya a salirme como ese otro orate que entraño hace poco antes que usted y me pidió la habitación para el solo y su avechucho- dijo monótonamente la anciana mientras lo conducía por unas escaleras que dejaban entrever la segunda planta llena de habitaciones. Córcega lo meditó un segundo – no estaría mal que me mostrara que tal están las chicas- la vieja sin inmutarse sacó de su vestido un pequeño silbato y lo hizo sonar dos veces, algunas de las puertas de las habitaciones se abrieron y una variedad de damiselas llenaron de colorido lubrico el corredor del segundo piso, Córcega quedó hechizado con una morena altiva e imponente que estaba semidesnuda (exhibiendo unas prominentes ubres) -quiero aquella, esa morena de allí... la de las medias...- señalándole a la anciana con el dedo la chica que le seducía. Otras tres monedas salieron de su bolsillo, la vieja desapareció dejándolo al cuidado de la joven mulata que lo arrastró de la mano y lo llevó hasta una habitación calurosa y húmeda. Podríamos creer que el buen detective olvidó su labor pero no fue así, cuando la puerta de la habitación se cerró, indagó a la joven doncella de pezones puntiagudos como flechas amazonas– ¿sabes algo del tipo que hace poco arribó a este sitio con una gallina entre sus brazos?- la morena al escuchar la pregunta se arqueó de la risa, tardó un poco en contestar entre risillas y singulares muecas –ese es un loco que viene día por medio trayendo consigo un plumífero bicho, no sabemos muy bien que hace con el animal pero al salir entrega la gallina degollada a la vieja…- Córcega estaba impactado pensó-¿Qué podría hacer ese sujeto con una gallina en un sitio como este?¿un ritual satánico? ¿Será ese su secreto para doblegar al bello sexo?- dejando a un lado aquellas ideas preguntó a la imperiosa morocha de broncíneas tetas de ébano -¿y nunca pide algún servicio de ustedes?- inquirió intrigado -… muy pocas veces, una vez escuché que le pidió a la vieja un poco de aceite de cocina y una zanahoria cruda sin lavar... eso es todo…- Córcega estaba perplejo, mulata continuo -…casi siempre se arma un barullo cuando ese tipo entra con estos animales, los hace cacarear de un modo estrepitoso que perturba nuestros ligues, y todo se vuelve una desatinada algarabía, algunos de nuestros clientes se han quejado y le han golpeado a la puerta pero el tipo hace caso omiso a los llamados suele encender la radio a todo dar para que la gallina cante a dúo con Edmundo Rivero o Julio sosa, según lo decida el azar… en realidad no tarda mucho el conciertillo de mierda, máximo unos quince minutos allí dentro, luego sale impecable y bien perfumado como si nada hubiera pasado. Baja silencioso las escalas, dejando la habitación revuelta y llena de plumas- …Córcega me contó esto, y aun no sé si creerle, aunque sé que suele ser a veces todo un charlatán y que todo puede ser producto de los celos que siente por Burgos, al ser este como ya he dicho un redomado Casanova, pero no puedo negar que la duda me ha asaltado desde hace un buen par de días, que le visto por el bar del canalla de Saúl Gollete, y he visto como relucía en su impecable traje a rallas una blanca pluma en su hombro izquierdo.




viernes, 13 de diciembre de 2013

GOTAS DE ROCÍO


 ɸ Algunos necios podrán tomar por fabulado este relato, y dirán que sólo son los desvaríos de una cabeza loca como la mía. No soy quien para dar fidelidad a este retrato pero soy quizás el único testigo consiente que conoció todos los hechos de la misteriosa vida de Eleonora Corina... ɸ
Tristemente he dejado olvidado este relato entre mis papeles extraviados en una maleta en alguna estación de trenes, ahora no recuerdo nada, no recuerdo quien fue o aun sea, esa tal Eleonora Corina, pero gravita aun en mi mente un vago recuerdo de haber pasado horas buscando el significado de ese nombre, y que ahora toda esa pesquisa se ha perdido en el olvido. Entre mis notas de una libreta de bolsillo, he consignado un tema recurrente en mis actuales relatos, la nota solo decía: (Eleonora Corina: la inmortalidad). Podría ser que su nombre fuera extraído sin pudor de algún relato del febril poeta de Baltimore, eso no lo sé, quizás, fue un amor que por capricho de camas furtivas de moteles clandestinos y burdeles extintos designe a mi amante de turno…
He pasado noches enteras releyendo aquel brevísimo e inconcluso proemio, repitiendo en las madrugadas ese nombre femenino, pero el recuerdo jamás llega, he estado a punto de dejarlo en el olvido pero he sido testarudo y ahora en este instante cuando las melodías cósmicas giran en el absurdo fracaso de esta historia sin final, he descubierto el enigma, he deshilado el galimatías. La perfección de este relato inconcluso se resume a que en él convergen los tres temas más recurrentes en mis relatos: La alucinación, la inmortalidad y el olvido. Pero de un modo más subjetivo y a su vez mas descarnado, la historia perdida de Eleonora Corina, es mi propia historia, es la historia de mis obsesiones, de mi tragedia y delirio. Nada ha sido fortuito.
He dejado que el tiempo devore paulatinamente todos los rincones del recuerdo de la concéntrica historia, y que espectros indescifrables, multiformes habiten aquellas galerías desoladas, he descubierto, ya sin asombro que la memoria nauseabunda de esta historia se ha hecho arena pero no de aquella que estrictamente, cuenta nuestros días, si no de aquella misteriosa arena de la cual se construyen nuestros sueños, y como gotas de rocío han de caer trágicamente en aquel leteo donde he ahogado a la inmortal Eleonora Corina. Sea pues la vida onírica de Eleonora un enigma tanto para el lector como para mí.

En vilo, he dejado este relato que hace parte ya de las entidades del olvido y con no poco regocijo, me figuro libre de aquella pesadilla de ese recuerdo difuso que antes me gobernaba. Dejo entonces que nuevas seducciones fantasmagóricas avasallen la fantasía y me conduzcan a los limites inexplorados del sueño, donde vislumbro con agrado, inmerso en un cuento de hadas, el final de esta historia, donde sin más dilaciones y excusas, me trasformare en rocío de aquel manantial, y estaré al fin, junto a Eleonora por toda la eternidad y todo el misterio me será revelado.