lunes, 28 de octubre de 2013

Omelette



-Romperé el vaso de la cordura, con la sartén y los huevos que tengo en tu culo- Dijo Pacho a su mujer.
-¿de qué hablas, viejo cornudo? Si joder casi ni puedes, con esa curda que traes, ni el tercer pie puedes poner en pie- dijo su mujer enjugándose las caries limpiándose la espuma con el agua del retrete –mírame bien so pureta, la gamberra de tu puta, acá limpiándose la jeta en esta cochina pocilga, donde acumulas kilos y kilos de mierda. Pacho se ríe de la escena y para embellecerla se orina en frente salpicando el rostro virulento de su guarra, acompasando el festín con una gloriosa flatofonia en fuga, apestando el cuartucho del pestilente vapor de su enferma tripa.

La mujer irascible, incongruente y nuevamente mujer, se levanta como una hija de Zeus y asesta un buen patadón en los huevos. Pacho cae de rodillas como un penitente sin culpas, como un pecador sin cosquillas, como un homicida sin penas, como un soñador con insomnio. -ayy ay—grita Pacho desconsolado, le duelen los huevos que pensaba ensartar en el culo de la cordura, ahora el pobre, podrá si acaso hacer un omelette para el desayuno de su furibunda mujercita.

domingo, 27 de octubre de 2013

M. B. (otro asunto frente al caso K.)


Una extraña carta llegó hace un par de semanas al ministerio de cultura de Praga. El contenido de esta ha generado un total desconcierto, y tamaño revuelo. Al comienzo se pensó que era un elaborado ardid, un perverso chiste de mal gusto y  una condenada farsa de algún detractor, enemigo del buen nombre de las letras Checas, o simplemente, el producto insano del divertimento de un exentico aristócrata bastardo de la extinta dinastía del archiduque Francisco. Pero luego de las pertinentes investigaciones y comparativas que se han hecho frente a la caligrafía y la firma del supuesto artífice, es innegable la fidelidad de su puño y letra.
En sus manos dejo entonces, el brevísimo contenido de esta carta, para que sea usted quien impute el veredicto, del curioso párrafo confinado allí:
“Pobres los fieles y los esperanzados! De ellos será el reino del asombro… Aprovechando la infructuosa muerte de mi querido amigo, tuve el coraje para hacer pública, esa otra vida mía, esa que jamás exhibiría con mi nombre. Valiéndome así, descorazonado y usurpador, del rostro y el recuerdo de mi amigo extinto, para sacar a la luz, ese otro que soy yo, ese demonio que siempre ha estado a la sombra… Así como el Quijote, según he soñado, es producto de un febril Sancho, en símil, aquel tuberculoso y ambiguo, Señor K, no es otro más que su querido servidor, el Señor B.”


M. B.