sábado, 24 de agosto de 2013

Sonata Strindberg (para un espejo enfermo)

"La tierra es el infierno, la prisión construida con inteligencia superior, de modo que no puedo dar un paso sin perjudicar la felicidad de los demás ni los demás pueden ser felices sin hacerme sufrir." Strindberg
Las potencias de la pasma sacuden mi alma, revelando el desasosiego oculto tras un rostro aparentemente impávido, que simula una sonrisa repugnante ante este mundo abominable al que sin remordimiento alguno arrancaría la cabeza a la primera muestra de flaqueza. Pero soy yo quien titubea, soy yo quien padece los tormentos, soy yo quien a quien el mundo asecha, soy yo quien se encuentra poseído por el yugo de símbolos macabros, soy yo quien muere lentamente en la enfermedad suicida de la noche interminable.

He intentado dramáticamente cerrar las puertas al infierno del amor, pero su efigie maldita me persigue. Aquel fantasma femíneo, seductor de la carne… mi frágil entereza se ve cercada por los espíritus del recuerdo lubrico, turgente y mi mente se hace presa fácil ante aquellas imágenes atroces del pasado, de actuaciones obscenas, de besos masoquistas, de una crepitante dicha producto del deseo irrevocable que ahora me cruzifica en el remordimiento de un epilogo faltante. 

Soy víctima de aquella quimera que construí con fragmentos huidizos de un súcubo. Ahora me avergüenza y maltrata, con sacudidas frenéticas que me reducen a reminicencias demoniacas... Es esta pues, la razon de mi condena.

Un estado enrarecido de catatonia dinámica y obsesión descarnada desgastan mis pocos rastros de lucidez. Una niebla de locura envuelve esta madrugada, para no permitir que los rayos del sol me liberen de este infame dolor. Tiemblo como un niño, en esta cruel ensoñación donde el espectro de mi madre llora por la infamia de mi existencia.


¿Cuántas más muertes apócrifas he de soportar antes de la expiación eterna?

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