lunes, 26 de agosto de 2013

UN ARGUMENTO DE POCA MONTA (Sobre un tema anodino)





"Quien carece de vicios, carece de virtudes."A. Lincoln



“La agonía puede matar
o puede sustentar la vida
pero la paz es siempre horrible
la paz es la peor cosa…”
Abraza la oscuridad, Bukowski


Antes de comenzar con pavadas morales sobre asuntos que no me conciernen y que poco cautivan mi interés. Quisiera hacer primero una humilde pregunta, que quizás podría desencadenar en una sarta de estratagemas incontestables. ¿Tiene acaso la vida, algún valor?
Y frente a esta duda infinita, ante la cual me siento impotente y desarmado; Estimo que no tardarían por aparecer, abanderados e insignes humanistas, idiotas vinagrados por filosofías endebles, cobardes y empolvadas, para intentar preservar con supercherías de la dialéctica obsoleta, la permanencia de esta especie torpe, enferma, que se ha autoproclamado dueña impura de este orbe.
Pero todas esas necedades argumentativas serán fútiles, ardides emocionales viciados por el miedo –verborrea de sofista y poetas-, pues, el hombre es causa caduca, un microbio ante la nada del inconmensurable universo, una criatura oprobiosa ante su acomodado tiempo y reflejo, mientras llora inconsolable, ante ese espejo abominable que es la muerte. La panacea y cura de todo sufrimiento… Sufrimiento que se presume interminable y que se intenta amortiguar, en todo aquello, que nos hace olvidar que estamos vivos (en los vicios y placeres) -¡qué tiene pues, de maravilloso la vida, si no la desgarramos con sevicia y franqueamos sus irrisorios y dogmaticos confines!-  Porque es innegable que la muerte nos seduce, en ese misterio que nos excita, que nos susurra a cada instante obscenidades alentadoras, y nos ayuda a soportar otro día de fracasos, sobre este infierno miserable y que nos hace fabular con otra vida, menos injusta y aburrida.. Pero siempre estaremos hambrientos, deseosos e impacientes, hasta que no nos atranquemos el espíritu en el gran banquete de la muerte...

Podría pues este humilde amanuense escribir una interminable lista de razones insostenibles para argumentar todo aquello que nos libera de la vida, aunque sea por un segundo. Pero como el buen Bartleby, digo, ya cansado de este tedioso oficio: “Preferiría no hacerlo”. (Melville, 1853)  para así, al fin poder acabar de una sentada, y entregarme al olvido con aquella botella de whiskey que tengo calentándose a mi lado. 

sábado, 24 de agosto de 2013

Sonata Strindberg (para un espejo enfermo)

"La tierra es el infierno, la prisión construida con inteligencia superior, de modo que no puedo dar un paso sin perjudicar la felicidad de los demás ni los demás pueden ser felices sin hacerme sufrir." Strindberg
Las potencias de la pasma sacuden mi alma, revelando el desasosiego oculto tras un rostro aparentemente impávido, que simula una sonrisa repugnante ante este mundo abominable al que sin remordimiento alguno arrancaría la cabeza a la primera muestra de flaqueza. Pero soy yo quien titubea, soy yo quien padece los tormentos, soy yo quien a quien el mundo asecha, soy yo quien se encuentra poseído por el yugo de símbolos macabros, soy yo quien muere lentamente en la enfermedad suicida de la noche interminable.

He intentado dramáticamente cerrar las puertas al infierno del amor, pero su efigie maldita me persigue. Aquel fantasma femíneo, seductor de la carne… mi frágil entereza se ve cercada por los espíritus del recuerdo lubrico, turgente y mi mente se hace presa fácil ante aquellas imágenes atroces del pasado, de actuaciones obscenas, de besos masoquistas, de una crepitante dicha producto del deseo irrevocable que ahora me cruzifica en el remordimiento de un epilogo faltante. 

Soy víctima de aquella quimera que construí con fragmentos huidizos de un súcubo. Ahora me avergüenza y maltrata, con sacudidas frenéticas que me reducen a reminicencias demoniacas... Es esta pues, la razon de mi condena.

Un estado enrarecido de catatonia dinámica y obsesión descarnada desgastan mis pocos rastros de lucidez. Una niebla de locura envuelve esta madrugada, para no permitir que los rayos del sol me liberen de este infame dolor. Tiemblo como un niño, en esta cruel ensoñación donde el espectro de mi madre llora por la infamia de mi existencia.


¿Cuántas más muertes apócrifas he de soportar antes de la expiación eterna?

martes, 20 de agosto de 2013

Candilejas


La vida es un teatro indescifrable
Un capricho de un director maldito, abominable.
Un guión sin actos ni palabras
Que se hacen olvido en el girar de cada función.

Actores somos de este enredo absurdo
Y con tristes máscaras mortales
Y descarnadas por el tiempo,
Representamos nuestra interminable farsa.

Brillando en las noches más oscuras
de nuestra locura,
y vomitando como asesinos la cantinela
de los puertos de la desdicha
cada segundo de olvido, cada suspiro de ansia.

Abrazando nuestro cuerpo en otro cuerpo
con temor y anhelo insondable.
Y los gorriones asientan
su ponzoñoso nido en nuestro pecho.

Una hermosa dama presumirá querernos
Y permitiremos que la mentira de sus gestos
Nos seduzca sin remedio
Porque para eso estamos todos los hipócritas,
Sobre las tablas endebles de este mundo,
Para hacerlas crujir con nuestros actos,
Porque somos famélicos actores, itinerantes,
Fantasmas inciertos, sin apacible cielo,
Porque nos abruma el conocimiento
Y preferimos la huida
al rumor de la sangre que grita
Porque nuestra mente es canalla y enemiga
De la fabulosa pantomima
Que hoy y siempre nos guia.

Vestidos de otras vidas, avergonzados de la nuestra
Sonreímos como idiotas, porque somos ya idiotas
De tanto actuar como idiotas.

Transcurren nuestros fracasos sobre el bajel
De la existencia
Y nuestros días se aproximan al éxodo del cine
Sin ángeles ni trompetas.
El dios borracho nos ha hecho a un lado
y el demonio de la lira
Nos ha abandonado,
ha perdido su hipocondriaca fe en nosotros
Dejando un vaho de pestilente azufre
 y una lengua mortecina llamada poesía.

Hacemos una y otra vez nuestras piruetas
Ante un público ausente, encandilados
Por las candilejas que impiden
Ver con claridad nuestra bella soledad,
Aquella sombra que implacable,
Jamás nos abandona y siempre nos aplaude
En el silencio.
Aquella que nos besa y colmara de gloria

Cuando caiga el telón de este pobre drama.

jueves, 15 de agosto de 2013

Fantasmagorias (Para un teatro de cámara)


"LA HIJA.—¿Te sientes maltratado por la vida?
EL OFICIAL.—¡Sí! Ha sido injusta conmigo..." A. Strindberg

Monstruosidad… he muerto mil y un días, abominable anarcos de arena que con su yugo impávido ha trastocado mi esperanza. Dilapidado el purgatorio de los vicios, ni una copa de vino roza hoy mi boca, el elixir de los alucinados me ha sido prohibido, solo he de cumplir la función masoquista del demonio contemplativo, donde ni masturbarme puedo, porque los genitales se irritan por el intenso verano que sacude mi cuerpo… cuerpos efímeros transitan por mi habitación de anacoreta forzado, bagatelas de efigies femeninas que ya no logran evocar ninguna proeza, me siento tan antiguo como un ammonites hecho pedazos, soy el fósil de mis propios recuerdos pétreos. El dolor es el único enemigo que me visita y me consuela, viene a susurrar en mi intestino que estoy vivo sobre un abismal porvenir. Sonrió cuando todos los espectros desaparecen, se dilatan mis pupilas, deformadas y virulentas, una sombra atroz, se confunde con la mía, es aquel bufón asesino que tiene impuesto mi verdadero nombre. Le grito pero solo está aquí, a mi lado, en mi mismo sillón, para burlarse de mis tragedias, es él, el hacedor de todas las fechorías. Me trae a escena una obra macabra, latente que sangra y me hace vomitar. Primero veo agonizar a un viejo soldado, naufragando en el océano de una memoria insondable, aquel bello anciano, me mira con una sonrisa inútil, me mira pero no reconoce en mí, a nadie, mira a través de mí, en busca de la ventana del recuerdo. Cae el telón. Aparece en escena la enfermedad, un perro muerto, una madre doliente que no sabe como consolar sus imaginarias penas, habla de miseria infinita bañada por la opulencia, sufre por una precariedad futura e improbable. Llora inconsolable, por sus desgracias ficcionadas, mientras la enfermedad atraviesa el cuarto, sin prestar atención al cadáver del can ni a la madre hipocondriaca y salta sobre un engendro que no había notado en la escena, soy yo, el monstro abominable y minúsculo que se esconde en un rincón, la enfermedad, se apodera de mi cuerpo, y sus siniestras carcajadas virulentas, revientan mi estomago plagando la escena de toda mis inmundicias… una voz infantil repite, interminables veces una palabra que no logro construir en cabeza, presumo que es la respuesta anhelada, aquella que me alejara del paraíso de los autómatas… No puedo configurar aun, una salivación maniaca como Strindberg o Schreber. Los ángeles me repudian y los santos me dan la espalda. Estoy absorto ante el vacío, no he aprendido nada del teatro macabro y no me queda más remedio, que inclinar la balanza hacia la locura, hacia el desvarío irremediable… no puedo seguir cargando esta cruz de pulcritud y hastío. Mis ojos perturbados no soportan esta esclavitud, esta realidad enferma, idiota y estéril. Fabrico entre quimeras, el último acto, sobre el escenario encantado, una figura lujuriosa, de fiera y mujer, daimón terrible y seductor, de espaldas a mí, brama canticos desenfrenados y obscenos, y yo, presa febril del austerismo satánico, me debato entre la muerte y el deseo, entre los sueños de angustia y lujuria. Mientras echo a volar todas mis cartas cargadas de reyes y bufones. 

viernes, 9 de agosto de 2013

PULP EN RETRETE

Entró en el abismo de su ano. Soñaba calamitosamente que todo estaba un poco hundido en el pozo sin retorno, que era casi improbable recuperar a la delicada Alcalina o ¿Alcancia?, de aquel profundo agujero. Pero aun así, dubitativo mientras quemaba un cartucho de su miembro en la carrera estrepitosa en el vacío, resolvió que no había vuelta a atrás, que él no era otro pedazo de excremento mas, él era el héroe de esta historia, y equipado con su traje escarlata de látex radioactivo y su pistola lasermenológica, que tenia la facultad de fecundar pensamientos disolutos en todos los prestamistas genitales que quisieran impedirle el paso, siguió intrépido y aguerrido por el túnel intestinal. Las primeras batallas con los peligrosos alienígenas diverticulares, le habían corrido el maquillaje fluorecente de estrella porno austriaca, cosa que le enfurecía al punto de convulsionar y transformar su metaconducta en algo más primitivo  y brutal que la de un pacifista interoceánico y estrogénico, adicto a los abrigos para gatos esfinge. Su musculatura se modificaba, según las descomunales embestidas ventosas del recto, que como un poderoso genio de los 5 vientos, intentaba expulsar al inexperto aventurero. Suficientes demonios de la droga prostática había derrotado minutos atrás y tres tomos de sus odiseas fueron traducidos a la compleja lengua plutoniana con observación inexactas de Permanganato de Pija. Pero a nuestro héroe poco le importaba la fama. Si única misión era rescatar a Alcalina del terrible dictador Escato, que quería profanar a la inusual damisela, con paraguas oxidados de telas roídas. Pero sus siniestros planes quedaron a media marcha. El valiente aventurero, llego hasta el palacio de jiña y con dos granadas laxantes hizo ríos de mierda, los infranqueables portales del fuerte. De un solo disparo le voló un maní que armonizaban en el cráneo marrón del tirano. Alcalina suspiro al ver a su salvador, aunque no pudo correr a su encuentro como esperaba pues el paraguas abierto dentro de su coño dificultaba tal empresa. El héroe al ver aquella villanía, se apresuró a sacar tal demoniaco instrumento, pero notó de inmediato que la pobre agonizaba. Desesperado, arrancó sin titubeos la cabeza fétida de Escatos y se la inserto en el profundo agujero de Alcancia. Curiosamente, de todos los rincones comenzaron a salir los roedores sacerdotales para devorar, el despojo restante de Escatos.  Aprovechando la algarabía y el coprofágico festín. Nuestro Protagonista enculó con su pistola a la bella Alcanlia mientras, una babosa con saberes de galena le drenaba toda la vitalidad perenne de su prodigiosa verga y de paso las explosiones alcaloides reventaban en todo el intestino de la constelación de la morsa Fritz del cuadrante nueve…. Quedaron atrás las horas de estreñimiento y agonía para los viajeros y residentes del universo fecal… la buena anciana despertó de su letargo, y recordó halar la perilla del sifón para que toda la inmundicia de fuera por la cañeria, pues el hedor a fantasía ya se hacía insoportable en el ambiente.