miércoles, 10 de abril de 2013

El otro club de los suicidas



Sólo es cuestión de hacer click, y todo hará boom! Todos los ideales hicieron kaput y las últimas esperanzas se las llevo en sus ojos una muchacha a la que ya he olvidado. Reposan los recuerdos en una prisión, famélicos y agónicos, el niño que una vez fue feliz come ratas en las cloacas de mi memoria. Y la cordura ha sucumbido ante los demonios de la razón… suena otro click, pero no hace boom, y nadie cae de la mesa, todos se miran con espanto, presienten el espectro de risa macabra tras sus espaldas, en casa la cena se pudre. Acá reunidos todos, los fracasados de turno, temiéndole a la vida, huyendo de la muerte, depositando sus promesas luego de un boom y un penetrante olor a pólvora. Entra una chiquilla en busca de su padre, el afortunado, sin corona, dormido en el suelo manchado, con una mueca inmunda que aterra a la chiquilla que huye despavorida dando alaridos, que despiertan a toda la calle infecta de peregrinos y coprófagos. La niebla pasa haciendo luto por la calle, se filtra como un roedor, por el entreabierto de la puerta, abraza trémula el cadáver, en un extraño ritual amoroso, hace su ceremonia y se disipa, todos los presentes miran hacia el vacio con recelo. El muerto no ha dejado solos con su cadáver.

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