martes, 5 de marzo de 2013

Resaca de una fantasia malograda


"Good-bye my Fancy!
Farewell dear mate, dear love!"

W. Whitman

Me deleito en la lujuria de los sábados de Resaca, cuando te levantas como un poste, luego de una noche de juerga, hinchando los huevos viendo contonearse a las mininas en celo que recorren los bares al asecho del peor postor, menos tú. La admiración a distancia es lo que me sublima, lo que sacude mi poesía, fantaseo entre sus carnes, hurgando en sus culitos caprichosos y tiernos como postre de nata. Bebo para parecer interesado en otra cosa, divago entre chistes obscenos, temas anodinos de cátedras podridas, discursillos prostáticos para el público presente, y no falta, la mala noche que logre pescarme un ligue, que una zumbambica caiga como abeja en las mieles de mi verborrea delirante de alcohol y deseo. No tengo más remedio que dilapidar la lujuria postrera, la libido del mañana, con la putilla de turno, todas mis fantasías lubricas se van a la mierda y me someto a la triste copula, la enfermedad hereditaria de los autómatas, mi picha escupe por decoro y con desgano –algunas veces no-, vuelve a su miseria como un zombi, fastidiada de su labor endémica.  Al claudicar la faena, luego de malas horas de sueño incomodo, porque ese otro cuerpo ajeno te estorba como mil demonios, y no puedes siquiera tirarte libremente una flatulencia. Me levanto perturbado, hecho una jiña, repudiando ese carácter errático que todos atribuimos a la pulsión y que yo prefiero culpar a la pereza. Pereza de no seguir el juego, pereza de dar explicaciones, pereza de que te miren como un bicho raro y empiecen con habladurías. Pero al otro día la pagas, debes cargar con la resaca del remordimiento y con una terrible nausea que desearías vomitar sobre la amante de turno. Pero vuelves y te reprimes y con la boca echa una porquería, haces un último esfuerzo y le das un beso de despedida, mientes y le dices que pasaste una noche fantástica –cuando la realidad fue de pesadilla-, a esa desconocida, que esperas no ver nunca más y de la que maravillosamente al poco tiempo no guardas ni el mas mínimo recuerdo, como si todo hubiera sido un mal sueño del que no tienes una pisca de claridad.

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