jueves, 28 de marzo de 2013

El apóstol


“Reflejo sólo soy si acaso, una sombra maltrecha de aquel enemigo que la sociedad hipócrita censura, y con descaro le llama depravado. Soy víctima de su histeria, soy producto de su impotencia, la exacerbación de sus fracasos, le desviación repulsiva y anhelada. Soy aquel que habita en la pupila del santo y en el puñal del asesino. El canalla que se libera en las noches perversas de luna cruda, donde a lo lejos aúllan las meretrices porque les he hurtado el amor de sus coños.” Y así iba el joven seminarista Lucien Gross, anotando aquellos versos revitalizantes en su pequeño diario carmesí camino a la iglesia para confesar alguna insignificante mentirilla.

jueves, 21 de marzo de 2013

días infertiles




Hace días que mi verga literaria esta fría, por la ventana de mi estéril fantasía no se asoma  capullo alguno, que aligere este bloqueo, esta impotencia para hacer empuñar mi daga en pos de un escrito digno de la más sucia pornografía. El insomnio parece abandonar el calor trémulo de mi cama yo he de padecer solo en el infame mundo de las sombras y el aburrimiento de los sueños que no quiero comprender. La fatiga ha hecho de mí un guiñapo amalgamado entre el tedio, la modorra y la locura, pero no esa grata locura que engalana el genio, si no esa puta locura que padecen los enfermos que caminan y dormitan con la saliva seca hacia el trabajo, hacia sus inmundas vidas suicidas, de casitas rosadas, y perros puddle que parecen tener el labial del pene siempre a su disposición…. Aun conservo un poco de obscenidad para salvaguardarme del pudor de los idiotas que se devoran los genitales con recelo. Porque una palabra PUTA bastará para salvarme… hijo peregrino de los copuladores clandestinos, de las mujeres ciegas de mil agujeros, del renacuajo que engulló al ganso bando, la constelación de meretrices que custodia todo mi sistema sexual reprimido. Un pequeño verso libidinoso se esconde bajo mi almohada, no es el recuerdo de ninguna aventurilla pasajera, es la ilusión de aquel coito que extravié en la escritura amanuense de una carta amorosa a una querida mueca que me procuraría un felatio inimaginable… sigo escribiendo sin un faro, pues el mío esta caído en el letargo del absurdo trajinar de los días, de los monótonos días que me asemejan al simio que usa sombrero y sonríe a las feas señoritas tras los barrotes en verano, anhelando que le tire un banano.

martes, 5 de marzo de 2013

Resaca de una fantasia malograda


"Good-bye my Fancy!
Farewell dear mate, dear love!"

W. Whitman

Me deleito en la lujuria de los sábados de Resaca, cuando te levantas como un poste, luego de una noche de juerga, hinchando los huevos viendo contonearse a las mininas en celo que recorren los bares al asecho del peor postor, menos tú. La admiración a distancia es lo que me sublima, lo que sacude mi poesía, fantaseo entre sus carnes, hurgando en sus culitos caprichosos y tiernos como postre de nata. Bebo para parecer interesado en otra cosa, divago entre chistes obscenos, temas anodinos de cátedras podridas, discursillos prostáticos para el público presente, y no falta, la mala noche que logre pescarme un ligue, que una zumbambica caiga como abeja en las mieles de mi verborrea delirante de alcohol y deseo. No tengo más remedio que dilapidar la lujuria postrera, la libido del mañana, con la putilla de turno, todas mis fantasías lubricas se van a la mierda y me someto a la triste copula, la enfermedad hereditaria de los autómatas, mi picha escupe por decoro y con desgano –algunas veces no-, vuelve a su miseria como un zombi, fastidiada de su labor endémica.  Al claudicar la faena, luego de malas horas de sueño incomodo, porque ese otro cuerpo ajeno te estorba como mil demonios, y no puedes siquiera tirarte libremente una flatulencia. Me levanto perturbado, hecho una jiña, repudiando ese carácter errático que todos atribuimos a la pulsión y que yo prefiero culpar a la pereza. Pereza de no seguir el juego, pereza de dar explicaciones, pereza de que te miren como un bicho raro y empiecen con habladurías. Pero al otro día la pagas, debes cargar con la resaca del remordimiento y con una terrible nausea que desearías vomitar sobre la amante de turno. Pero vuelves y te reprimes y con la boca echa una porquería, haces un último esfuerzo y le das un beso de despedida, mientes y le dices que pasaste una noche fantástica –cuando la realidad fue de pesadilla-, a esa desconocida, que esperas no ver nunca más y de la que maravillosamente al poco tiempo no guardas ni el mas mínimo recuerdo, como si todo hubiera sido un mal sueño del que no tienes una pisca de claridad.