sábado, 8 de diciembre de 2012

Que nunca muera el Spleen

I

 Pútrida  Alma mía
Que indómita es presa
De un sueño mortecino
Que me ataca con locura
Los recónditos lugares
De esta estúpida cabeza
Donde duermen los placeres
Y aúllan los miedos.
Quisiera ahorcar mis ruegos
En el fragor de la puta noche
Y que en el alba rubicunda
Mi amargura y desvarío
Se hayan evaporado como el vino.


II


Mi sangre esta dichosa de ser rio
Un rio oscuro y sin vida
Que sea sombra y veneno
Que sea noche y crimen del día
Que apague anhelos y rompa sueños
Que haga llorar tu rostro rubio
Que maldiga la belleza y la mentira
Que se ría de la comedia de la vida
Y se embriague de la gracia de los muertos.

III

Nada puede atar mi barco
Voy sin rumbo en la tormenta
Agitado y agrietado
Con mi proa hecha pedazos
Estallando entre las olas
Las promesas nunca dichas
Bajo un cielo sin estrellas
Sobre un mar enfermo y suicida.

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