lunes, 30 de enero de 2012

El genio de un poeta



Mi genio no se nutre de los elogios

De los insulsos,

Ni de los versos ya leídos, ni de los viajes

A otros mundos.



Mi genio es glorioso porque no hay genio,

Es vulgar e inculto como los hombres,

Es ansioso e inconforme como el corazón,

Es impertinente como un niño ebrio,

Escurridizo como el agua, incierto como

La mujer.



Mi genio es volátil como el sueño,

Ingenuo como el soldado,

Perverso como el llanto de un rey,

Avaro como un judío, ambicioso como

Un ladrón.



Mi genio es como el silencioso canto

De los muertos

Acuna miedos como la noche,

Reserva anhelos por lo venidero,

Angustia por el instante.



Mi genio solo es olvido,

Cadenciosa balada de lluvia al sol,

Tinta de azul en el mar y el cielo,

Sonrisa perdida en un tranvía,

Sofismo canalla de los poetas.

sábado, 28 de enero de 2012

Canciones muertas


Aquella boca letárgica, yerta de mausoleo,

Que en primorosos años fue mi ensueño,

Cándido espejo de mis ilusiones y mis dudas

Pálido reflejo de mis profundas amarguras.



Aquella saliva que ahora es polvo,

Que rubicunda antaño recitara rosas,

Bañando el deseo de mis áridas pasiones

Ahogando ya mis lunas y mis versos.



Solo son palabras que sacude el viento,

Aquellos besos locos de núbil locura,

Solo son despojos de mis naderías,

Canciones muertas de un cansado amor.

viernes, 27 de enero de 2012

Solo una cosa pura tiene nuestra mente




Solo una cosa pura tiene nuestra mente

Esa que la memoria vanamente llama

Olvido.

Ese placido desierto de nuestros recuerdos,

Esa laguna adormecida en las solidas cuencas

De nuestro intelecto.

Aquella forma etérea que se funde con la arena

Y con el viento

Que inútilmente intentamos enjaular en el lenguaje,

En la criatura utópica de una imagen ya cifrada,

En el eco tuerto de una sinfonía,

En el colorido paisaje de una marina.

Dura fatiga conseguimos y un enclenque

Estereograma de la nada,

Esa nada fue ayer y que ahora y nunca

Nos ha de pertenecer.

lunes, 23 de enero de 2012

Los diarios del General


La campanilla resonó en el silencio de su habitación, las altas horas de la noche, excitaban sus sentidos. Las teclas de la vieja máquina repiqueteaban como golpes de un martillo en muro de madera. El aire estaba cálido y con un suave viento que apenas lograba filtrarse por la pequeña ventana de la bohardilla. Su mente intentaba penetrar en el misterio mas allá de los muros, pero solo el chillido de los grillos atormentaba sus ideas. Sabía que la noche no iba a serle suficiente para darle fin a su relato, no importaba cuantas tazas de café oscuro bebiera, sabía perfectamente, que era algo estúpido persistir con un absurdo como ese. Su espíritu ajeno a toda disciplina y perseverancia solo se inclinaba ante la efervescencia y pulsión del instante. Los pequeños triunfos que había alcanzado en el curso de su corta vida habían sido producto de la brevedad y la inspiración del momento. No era para nada de esos estudiosos que se consagran por meses y años en el circunloquio perfecto de una idea, en el modo correcto de proferir una frase, en la cadavérica epopeya de una Gioconda intelectual. Para él, las palabras eran segundos, agua de rio que se perdía en el tiempo, no algo invaluable que se pudiera mancillar hasta hacerlo una posesión, las palabras eran tan solo una prolongación del fantasma de una idea, y aquella idea no trasgredía los límites del mundo espiritual, permanecía al margen con el trazo endeble de una alegoría, algo que no era algo, quizás un simple sonido, una honda que igualmente difuminaba en las partículas del aire. No llevaba ni dos hojas cuando decidió acabar con aquella charada de símbolos obtusos, sin embargo leyó con calma lo recién escrito e invadido de pánico descubrió algo extraordinario: aquellos caracteres escritos en el papel no parecían ser los mismos que construía en su cabeza mientras ejecutaba el acto de escribir, más aterrador que eso, fue saber que aquello escrito en esas cortas paginas era en misterioso lenguaje del cual no tenía el más mínimo conocimiento, la incertidumbre le mantuvo en vela el resto de la noche. A la mañana siguiente fue a visitar a un viejo amigo de escuela que era jurista y a la vez un reconocido lingüista de la población. Le mostró lo escrito la víspera, y pregunto si acaso esos misteriosos conjuntos de vocales y consonantes pertenecían a alguna lengua usada por el hombre. Su amigo, afirmó casi de inmediato, curioso e intrigado quiso saber la proveniencia de aquel manuscrito –los he escrito yo- dijo él, pero su amigo pensó que se burlaba – he sido yo te lo aseguro, pero no puedo decirte como lo he hecho, ni conozco el contenido de aquellas letras- su amigo pensó que le tomaba del pelo y le dijo cortante – es imposible que hayas escrito tu este manuscrito pues en él se narra con asombrosa maestría de un lingüista hebreo del siglo tercero después de Cristo las bajezas de un humilde pastor que asesinó a su amo y luego viajó a Irán para iniciar su militancia bajo el mando de Muza, lo inexplicable de todo esto, es que este manuscrito si no es una burla apócrifa, es quizás la única traducción al hebreo de ciertos versículos perdidos de los diarios adjudicados al general Táriq, los cuales se creían un mito en la tradición musulmana y de los cuales tengo plena seguridad que tu no tenias la mas mínima idea- Era cierto. Ante la sentencia de su amigo, la reacción que adoptó fue de profundo espanto, ¿Cómo era posible que él, desconociendo los hechos históricos y la lengua en que fue escrita había procurado esos escritos sin plena conciencia y con una habilidad impecable?

Pero algo más paradójico y oscuro le asaltaba el corazón, ¿Cómo era posible que sus manos digitaran aquello, cuando en su voluntad y en su mente escribía, una profunda e inacabada carta suicida?

domingo, 1 de enero de 2012

COBARDE!!!



Escribo para darme consuelo, para frenar los bríos de libertad que aún persisten en mi animal secreto… Me siento miserable, un cochino cobarde, un extra de una mala película, cada día que pasa está en mi contra, cada segundo me aferro mas al nido del miedo y sus prejuicios, la juventud se agota para mandar lo establecido a la mierda. Cada vez más inútil, cada vez mas esclavo, el confort que me enferma y me retiene, encerrado en un baúl de sórdidas mentiras. Sentado, holgazaneando frente a una estúpida pantalla, dejando todo inconcluso, no soy más que un remedo de un hombre subterráneo que otro escribió, un manojo de complejos, un idiota que jamás ha sufrido verdaderamente, un idiota que jamás ha vivido verdaderamente, que se esconde en una sociedad que jura aborrecer y de la cual se ha hecho un gran parasito, ¡Es tan fácil echarle la culpa al resto y duele tanto verse en el espejo y desnudarse con la mirada para descubrir que solo se es un frasco de ponzoña, un recipiente siniestro de ideas malogradas que jamás se llevaron a la acción!
Sueño con la mar y la luna en un cielo estrellado. ¿Qué me retiene? ¿Soy yo el vil carcelero de mis sueños? Vivo la pesadilla del tedio y lo inmutable, contemplo con asco el ciclo pusilánime que cumplen los demás por temor a la soledad, no soy mejor que ellos, solo soy un escapista, un canalla que huye de las responsabilidades, de la norma y de sí mismo. La incertidumbre corroe mis venas, estoy atrapado en un laberinto rodado de salidas.