martes, 27 de septiembre de 2011

Reptura

El universo es como un fuelle, vacío, pero nunca agotado. (lao Tse) La visión occidental frente a las relaciones interpersonales llena de congoja y desasosiego el panorama de una redención personal. El individuo autómata aborrece palabras tan hermosas como soledad, desarraigo, desprendimiento, ruptura, vacío, silencio, abandono. Habitamos un horrendo paisaje sonoro, y una multiplicidad de abominaciones llamadas ciudades, santificamos la locura que llamamos sociedad… aquel individuo ermitaño y solitario, que por voluntad sabia decide alejarse del mundo de los hombres los llamamos loco y genio cuando regresa con una buena nueva para este mausoleo infestado de estupidez. Nuestros ojos torpes ven en la ruptura algo atroz, ven al individuo que la cometa casi como un monstruo, un demonio que les asecha desde las sombras. Absurda manera de mirar de los primates materialistas, una de las primeras premisas para emprender el camino a la plenitud debe ser el abandono, el desprendimiento sagrado de todo cuanto nos pesa a nuestras espaldas. Debemos ver la ruptura como una bifurcación hacia la liberación, es la clara muestra de quitarnos el velo que cubre nuestros ojos de rebaño. Estándares absurdos hacen que caminemos en círculos, para llegar a la conclusión que la vida es un tortuoso camino de torturas, un valle de lagrimas. El mundo no es un lugar horrendo, horrendos son los ojos contemplativos y burdos con que se mira. La ignominiosa necesidad de ego y admiración por parte de aquellos otros espectros que afirmamos ser nuestros semejantes, es la causa de nuestro declive, de nuestra eterna angustia, de esa búsqueda anodina, el complemento no está en el otro, el complemento no está en ningún lado, no existe complemento alguno para llenar nuestras vidas, inversamente debemos buscar vaciar nuestras vidas, la vida no es más que una alegoría, las relaciones una invención cultural para mantener a flote nuestra insanidad humana, el triunfo es para los idiotas, solo los sepulcros llevan inmarcesibles la corona de olivo. Es inútil intentar cambiar el rumbo de esta estirpe inmunda, pero me consuela que al cerrar los ojos ese mundo infame desaparece y es tan solo una horrible pesadilla que poco a poco se difumina en mis sueños de olvido.

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