martes, 27 de septiembre de 2011

VICISITUD DE DOS TRAGEDIAS

En el posible anacronismo de una leyenda apócrifa de dos trágicos mitos, se ha llegado a suponer que Edipo luego de arrancarse los ojos tras la funesta realidad, errabundo trasegó por todas las ciudades griegas, aun siendo ya viejo en sus rasgos se sobrevivía la memoria de una lozana belleza y muchas fueron las mujeres presas de aquel misterioso y obscuro encanto. Todas aquellas pobres desgraciadas que intentaron seducirle terminaron sumidas en la tristeza, un par de minutos bastaban para que rompieran en llanto luego de escuchar la trágica historia de aquel viejo ciego. Solo hubo una joven, más siniestra que las cuencas de sus ojos vacios, que al escuchar la tétrica historia no embriagó su corazón con icor de la amargura, que al parecer rebosaba ya de ponzoñoso sufrimiento. Al escuchar la historia del ciego, aquella joven sintió en su penosa alma un consuelo, una contraparte para su tragedia, y desde entonces cuido de aquel viejo ciego como una hija a un padre, fue su lazarillo y su amante, y la tristeza que gobernaba su sino se fue disipando, un tenue halo de melancolía cubría la extraña pasión entre la bella Electra y el viejo Edipo.

Reptura

El universo es como un fuelle, vacío, pero nunca agotado. (lao Tse) La visión occidental frente a las relaciones interpersonales llena de congoja y desasosiego el panorama de una redención personal. El individuo autómata aborrece palabras tan hermosas como soledad, desarraigo, desprendimiento, ruptura, vacío, silencio, abandono. Habitamos un horrendo paisaje sonoro, y una multiplicidad de abominaciones llamadas ciudades, santificamos la locura que llamamos sociedad… aquel individuo ermitaño y solitario, que por voluntad sabia decide alejarse del mundo de los hombres los llamamos loco y genio cuando regresa con una buena nueva para este mausoleo infestado de estupidez. Nuestros ojos torpes ven en la ruptura algo atroz, ven al individuo que la cometa casi como un monstruo, un demonio que les asecha desde las sombras. Absurda manera de mirar de los primates materialistas, una de las primeras premisas para emprender el camino a la plenitud debe ser el abandono, el desprendimiento sagrado de todo cuanto nos pesa a nuestras espaldas. Debemos ver la ruptura como una bifurcación hacia la liberación, es la clara muestra de quitarnos el velo que cubre nuestros ojos de rebaño. Estándares absurdos hacen que caminemos en círculos, para llegar a la conclusión que la vida es un tortuoso camino de torturas, un valle de lagrimas. El mundo no es un lugar horrendo, horrendos son los ojos contemplativos y burdos con que se mira. La ignominiosa necesidad de ego y admiración por parte de aquellos otros espectros que afirmamos ser nuestros semejantes, es la causa de nuestro declive, de nuestra eterna angustia, de esa búsqueda anodina, el complemento no está en el otro, el complemento no está en ningún lado, no existe complemento alguno para llenar nuestras vidas, inversamente debemos buscar vaciar nuestras vidas, la vida no es más que una alegoría, las relaciones una invención cultural para mantener a flote nuestra insanidad humana, el triunfo es para los idiotas, solo los sepulcros llevan inmarcesibles la corona de olivo. Es inútil intentar cambiar el rumbo de esta estirpe inmunda, pero me consuela que al cerrar los ojos ese mundo infame desaparece y es tan solo una horrible pesadilla que poco a poco se difumina en mis sueños de olvido.