domingo, 29 de mayo de 2011

Fragmento de novela oriental (no leida)


Ciudades descompuestas, moriremos quizás sin ver el sol en Tokio, la luna azul iluminando un jardín de abetos. Jamás recordaremos el rostro de esa mujer que pudo rompernos el corazón, ni hacer verter la sangre del traidor. Vagabundos del amor, locos suicidas, criaturas incomprendidas en sociedades autómatas, el tiempo se le viene encima al héroe, y todas las acciones se hacen caducas, en su pecho descansara un poema que tampoco podremos leer pero si recordar en sueño. Besaremos la blancura del fantasma de una mujer, dudaremos de la muerte, creeremos que el final solo es el preludio de una continuación de otra novela, queremos sumergirnos en palabras infinitas, queremos mentirnos, olvidar la vida que tanto nos pesa y de la cual no somos valientes para escapar. Un pájaro en llamas cruza el cielo inmarcesible y la aurora nos hace llorar con el punto final de una frase melancólica y sempiterna.

lunes, 23 de mayo de 2011

Meditaciones de un alpinista


Otros tiempos acontecían... ya no se escucha la opera de Gounod que conmovió Hans Catorp, aquella donde comulgan Thanatos y Afrodita, también del diablo,. ¿Qué melodía del hoy puedo traer a las letras y hacerla inmortal? Aun el más realista de los literatos poseía un encanto romántico y algún verso dejó escapar para cantarle a la luna, a las calles de corazones solitarios. El hombre siempre será un humanista contradictorio, un megalómano, un ególatra y un idiota, siempre estará fabricando ídolos, siempre estar inconforme, solos muertos tienes ese rictus plañidero que la envidia mortal añora. Tras un puente invisible se paran los profetas viendo la noche a sus espaldas, y el gran astro saluda en frente , tímido tras la montaña helada. El pensamiento parece ser cosas de locos, de holgazanes que se pasan horas tras la ventana contemplando el trasegar sempiterno de Cronos, las mujeres solo quiere ser amadas y suspiran en silencio, el mundo es un triste vomito andrógino, un espíritu desaseado suplicando de rodillas ante la marmoleta dura de un dios. Los muertos vuelven a la vida cada vez que se les nombra, los fantasmas de la fantasía cobran forma a través de la palabra de los vivos, el recuerdo es el refugio de los sueños y las tragedias, de los cadáveres y las habitaciones vacías, de los amores inconclusos, de la voz susurrante del olvido.... un joven fatigado mira hacia arriba y hacia abajo, cuanto ha caminado y cuanto ha de caminar hasta la cumbre... pobre Sísifo solitario, solo le acompaña en su larga empresa la música nívea de las alturas.

domingo, 8 de mayo de 2011

El pecado de la dicha



La excitación es el fundamento del erotismo, su enigma más profundo, su palabra clave.

Milan Kundera


Aquella mujer adentró en el profundo galimatías, las luces del fuego eran tenues y provocaban un absurdo y tétrico efecto óptico, el silencio o el eco de sus pasos incrementaron con horror la angustia de la mujer. Era inútil ya dar vuelta atrás, las huellas eran equivocas y no conducían a ningún lado. La mujer resignada a su muerte siguió caminando por los estrechos corredores, la sofocación la poseía, al igual que una inmensa sed y hambre. Las gotas de sudor en su piel se hicieron mares, abandonó sus vestiduras, comprendió que era más sensato y ligero andar desnuda por aquel siniestro laberinto. El mutismo de sus pasos no tardo en tener la compañía de los retumbos incontrolables de su corazón agitado poblado de panico y el suspiro anhelante de sus pulmones y tórax bombeaba sin parar.

A pesar de llevar un trasegar monótono y austero para evitar la fatiga, una extraña y creciente excitación gobernó cada célula de su cuerpo. Jadeante y moribunda no intento detenerse ni un segundo, tenía la conciencia o la alucinación de creer que si por un ligero instante hacia un alto a meditarlo todo con más calma moriría a causa de un nuevo temor más terrible que ahora la gobernaba, una creciente paranoia se fundó en su cabeza ¿Si acaso no se encontraba ella sola en aquel monstruoso laberinto? ¿Y si ella acaso solo fuera una presa para bestia que habitaba en aquella mansión horripilante? Su mente dadivosa se lleno de extravíos y miedos, la agitación en su cuerpo se hizo incontrolable, debía huir, escapar a toda costa del funesto morador de aquellos pasadizos interminables. Sus pasos se aceleraron, su vista fue nublándose poco a poco, el aire se hacía cada vez más denso y más precario. Abatida por el cansancio cayó al suelo, pero aun sin rendirse, comenzó a gatear y fantasear con una salida el final del corredor. Una prohibida mueca de placer se dibujo en su rostro, su entero ser se colapso en un vibrante espasmo de goce, cerró sus ojos cadavéricos y se dejo consumir por el orgasmo mortuorio de sus ensueños mas lascivos.