lunes, 24 de enero de 2011

El elixir de la vida


Un hombre sediento en medio del desierto, yacía de rodillas abatido y desahuciado, clamando a los dioses le dieran vigor para continuar. Cuando ya su entereza sucumbía a los hirientes rayos del implacable astro, apareció ante él, un hombre que se asemejaba en grandeza y temple al gran Marduk y le ofreció beber de su jarra. El moribundo lloró de felicidad, porque sus dioses le habían escuchado -bebe buen hombre, del contenido sagrado que aquí os traigo, en este envase está contenida la esencia y el misterio de la vida- dijo aquel que se asemejaba la deidad. El moribundo bebió con avidez para calmar su implacable sed. Al terminar abrió de nuevo los ojos, pero el salvador había desaparecido, se hallaba solo de nuevo. Extrañado y renovado, se preguntó que había querido decir aquel misterioso hombre, ya que a sus saber el contenido de aquella era tan sólo agua. El hombre siguió vagando por el desierto hasta llegar la oscura noche y así tirado en la arena, conmplando las estrellas, acunando una inmensa duda, murió de sed por su arrogancia.

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