lunes, 8 de noviembre de 2010

LA ESTATUA DE NIMROD


Un aire frío se filtra por las rendijas
De este baúl de sociedades clandestinas
Crujen los muros de un amor decapitado
Mientras aúllan las sirenas al occidente
Y sentimos estupor de nuestra arrogancia
Desnudos luceros ante un paredón de buitres
Imploramos piedad por nuestra bajeza
En la ruindad de un vaho que no tiene cura
Nuestro aliento mortecino de bondad y moral
Retorcida.
Solo el ángel más bello tendrá clemencia
Y oscura niebla arrastrará de nuevo
A los cuervos,
A los cuervos, que jamás se han ido,
En la ilusión de un oleaje intermitente,
Interminable... abominablemente interminable.
Se pierde el viento en su bajel etéreo
Y es usurpado el trono por el horrendo verano
Dejando el valle amarillo sin bueyes.

Mueren los manzanos y las lenguas de azúcar
Mueren los pantanos y sus dioses cristalinos
Muere la niña que siempre, siempre
En otoño he amado.
Mueren los pájaros con picos de miel
Muere la luna de los calendarios
Muere el reloj de trigo
Muere la llave de este sucio claustro
Y yo sigo aquí, sin vida
En esta muerte maldita
Atado al bronce y las miradas huecas
De los craneos de antiguos suicidas.

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