sábado, 6 de noviembre de 2010

Efigies de arena


Estamos en el borde de un vendaval demencial
Mirando nuestros rostros cadavéricos en fisuras
De arquitecturas sumerias, Nergal llora y la lira
Relincha en el corazón de una mujer morena
Madre primigenia, vientre de tristezas azules
Zafiros en la arena, anarquías del olvido
Relojes obsoletos danzan a la inversa de la lluvia
Fragmentos de viejos tormentos hechos aurora
Milagros de la palabra, el huracán bajo la horca.
Torres infinitas de amargura purpúrea en los ojos
crisálidas de un niño que juega con el destino.
El fantasma del tiempo duerme en la ubre
de la soledad, amante de todos los que sufren.
Todos los que ven la sangre huir por el rio
De la desolación insondable, inodora y ruin.
Efigies amarradas al recuerdo jamás vivido
A los días que nunca perecieron en el alba
A las lagrimas de princesas que jamás brotaron
De un rostro marmóreo.
El obelisco naufraga en el vórtice circular del embrión
El sumidero del infinito retorno a la roca,
A los besos lascivos de la rosa, las ciudades
Y los muertos.
La vida no es más que un vago recuerdo...
Una alucinación de buitre envenenado en la carne
Envilecida de la humanidad sin ulteriores rezos.
La vida ese vago recuerdo perdido en el mar de cenizas
Y tragedias.

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