domingo, 18 de julio de 2010

Cachipolla... una palabra para la prosa ausente


Expectante , sentado, escuchando Scriabin por influencias retoricas. Estoy en blanco. En el punto cero. Sin luces, en contravía, desesperado y conformista. Buscando ayuda de escritores rusos, de vagabundos, de fracasados, de lunáticos, de las estrellas. Viendo imágenes distorsionadas de caballos y delfines, de azucenas y girasoles... esto no es mas que un ejercicio, una compulsión un tanto paranoica. Pienso en las obras Malevich, los dibujos de Lewitt, las ilusiones de Salieri. Ahora todo esta distorsionado. Un cielo de nimbos está compuesto de rectángulos, colores y cuadrados. La imagen sigue atada al marco, así este sea invisible, su aura persiste como el fantasma de un guardia, me viene a la mente un cuento de Kafka y el Babalú de Miguelito. Busco la concordancia entre la desesperanza y la locura, el hilo que hace una maraña en mis pensamientos atolondrados, todo es un caos en sinfonía, una disonancia titilando en afán de la belleza, el silencio de Miles y John Cage, los orines de los puercos, la bandera del olvido, oh fabulosa estepa del olvido donde... solo estoy jugando contigo, amiga cachipolla, puedo evocar tu nombre, sentir tu presencia, acariciar tu brevedad, la ilusión de tu palabra nívea en las melodías impronunciables del sueño ausente de un insecto... Estoy en blanco. En el punto cero, vuelvo a tirar los dados y repiquetea el Tin tin deo de una máquina de escribir inexistente.

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