viernes, 1 de mayo de 2009

KLA


Escribe una escalera para contemplar las nubes y mirar la humanidad como bichos sin oficio y agitados en sus pequeñas ciudades. Una escalera donde el tiempo no transite y se olvide de tus días y tus años. Una escalera donde dios y la locura sean el mismo nombre, en una altura sublime que no rebase los seis pies o el tacón de la madame que me hace señas obscenas con su lengua roja. No importa el material del cual la compongas, puede ser en verso, puede ser en prosa, cantinela añeja o papel en blanco. No te apures por contar los escalones que apuntan hacia el mar moro. Las reglas de la métrica en esta escalera se regirán por la intuición del intrépido escalador del sofocado minero. Ten en cuenta la rosa y el camello, también el desierto carmesí y la lluvia peregrina de mayo, los ojos de Atón y la voz dulce de los cuervos. Harás alquimia con cada elemento Anaximandro que compone un sueño y tu escalera no tendrá comparación en este circuito inhumano de arquitectos y visionarios austeros y enfermos de gloria, de pupilas y labios zurcidos en el sofisma de lo perecedero.

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