domingo, 17 de mayo de 2009

EL ÁRBOL DEL TIEMPO





Según el poema de Liu Zongyuan la nefasta leyenda del árbol del tiempo es suscitada por el retrato de un amor imposible. Wang Yu, era el primogénito de un noble labrador de la dinastía Han. Su espíritu era puro como los bosques que transitaba a diario siguiendo las enseñanzas de su padre, su voz dulce como la del más digno y preclaro poeta de la corte imperial, fuerte y vigoroso como el tigre pero ingenuo y frágil como la flor que crece en los altos picos de china. Wang amaba la naturaleza, veneraba la lluvia que humedecía a los sauces con su grato rocío, Wang se figuraba muchas veces que él era como sus hermanos hieráticos y permanecía incólume dejando que el agua le bañara. El padre le había enseñado a orar antes de arrancar de la tierra algún hijo de esta. Según el padre la oración era un tributo ineludible para que la naturaleza no se volcara en su contra, para Wang la oración era de suprema belleza pero no compensaba la muerte de un hermano suyo a manos del fino hierro del hacha. Wang no quería seguir los pasos del padre, él quería convertirse en el poeta y protector de los sauces y sentía una profunda conexión con el árbol del tiempo. Nunca se cansaba de escuchar las historias que de este contaban, su padre le había dicho que ese árbol había existido desde antes de los hombres y de las dinastías divinas, el mito de este encerraba el origen de la vida, muchos creían incluso que este árbol había engendrado el primer emperador de la tierra. Wang se deleitaba con aquellas historias y sagradamente custodiaba aquel árbol todos las tardes desde el ocaso hasta el amanecer. Un día mientras escribía un poema en la tierra recostado en el torso del noble árbol vio pasar muy cerca al soberano Shao Di y a su hermosa hija seguido de una gran corte de guerreros reales. Wang quedo eclipsado por la belleza grácil de aquella princesa y su poema de tierra se transfiguro en versos de amor. El Soberano Shao Di se detuvo frente a Wang y el árbol. El joven se inclinó para reverenciar a su emperador. Las miradas de los dos jóvenes se cruzaron Wang creyó ver en el rostro de la joven una tentadora sonrisa. Luego la muchacha le preguntó al padre –Dime padre mío que misterioso secreto encierra este árbol al cual me has traído a contemplar?- El soberano Shao Di miro con nobles ojos a su tierna hija y le respondió -no soy yo el más digno para decirte eso que ahora me preguntas, quizás este joven que holgazanea plácidamente a la sombra del árbol pueda contestar tu pregunta- al decir esto Wang se sorprendió –Levántate y cuéntanos el misterio que este árbol misterios encierra- dijo el soberano, Wang se levantó tímido ante las dos divinales formas que yacían ante él –dinos pronto el misterio que guarda este árbol fabuloso - inquirió con ansiedad la joven princesa –humildemente debo deciros su majestad que es muy nimio lo que conozco de este maravilloso hermano, lo poco que sé me lo ha contado mi honorable progenitor, según él este árbol, contiene el secreto del tiempo, en el converge el origen y el misterio de la vida, la inmortalidad y según él también se rumora que de este árbol germinó el primer soberano que gobernó las amplias tierras - la joven lo escuchaba embelesada, sus palabras habían sembrado en su corazón una extraña e indescriptible sensación – quieres decir que este árbol es eterno al igual que las montañas y los ríos?- pregunto la joven princesa – algo puedo asegurarle su majestad y es que por obra del tiempo ni usted ni yo veremos el otoño de este noble espíritu perecerá nuestra estirpe antes que él – la princesa pareció sufrir una súbita aflicción, no concebía que un ser como ese seria espectador de su muerte, no podía entender que mientras ella envejecía a cada instante aquel maligno árbol del tiempo jamás moriría. ¿Por qué debía morir ella primero, si su rostro era la viva imagen de la juventud. El rey al ver en los ojos la perturbación de la hija preguntón – que te inquieta pequeña, porque sollozas de ese modo, que aflige tu tierno y puro corazón- la princesa no pudo contener el llanto y ríos de lagrimas brotaron des su perlados ojos – padre mío, estoy destrozada al saber que mi juventud se irá algún día y que ni tu ni yo sobrepasaremos la longevidad de este místico árbol, yo que me creía el símbolo de la bella juventud he descubierto que este rostro no es más que una fachada que se oscurecerá con el pasar de los días…- el padre abrazó a su hija para intentar consolarla de la irremediable verdad que había descubierto – a pesar mío, aun siendo yo el mas soberano entre los seres que caminan por este mundo no puedo evitar esta terrible verdad, mi reino solo puede gobernar el transitar de los hombres pero nada puedo hacer frente al padre de las horas, si por capricho de este nació este árbol para mostrarnos el enigma inmortal de su poder, nada es lo que puedo hacer más que desearte un larga y prospera juventud y que la muerte te llegue muchos años después de mi partida- Wang dejo que el espíritu la tierra hablara por su boca – quiero implorarle que no llore por este fútil descubrimiento, es cierto que el tiempo arrastrara con su juventud y belleza antes que este hermano mío, pero debe entender que existe en cada ser vivo una semilla de este árbol, nuestro cuerpo es la matera que contiene y cultiva aquella semilla que al igual que el padre tiempo es eterna como este árbol- la joven princesa se reconfortó por aquellas sabias palabras y le dio las gracias al igual que el padre soberano -tu modo de hablar a mitigado un poco el sufrimiento naciente de mi querida hija y por aquello te daré la gracia de que seas llamado de ahora en adelante el guardián del árbol sagrado- así habló el rey al joven Wang, luego con sinceros gestos de despedida la corte real siguió su rumbo hacia las montañas. Wang sintió que en su corazón algo florecía de manera incompresible, no podía apartar de su mente la mirada de la dulce princesa y el dolor que embargaba en ellos. Pero que podía hacer un pobre hombre para calmar el llanto de una princesa y así entre tristes y nostálgicos pensamientos quedo dormido bajo el arrullo de las hojas de su precioso árbol. En el mundo onírico tuvo una visión atroz y reveladora, fue algo que lo hizo despertar sudoroso y palpitante, la sola idea le parecía una maldición realizada por algún demonio hostil, pero en el rumor del viento volvía a su mente la imagen sufriente de la princesa… la incertidumbre y el desconsuelo envolvieron su cabeza, corrió presuroso a la cabaña de su padre y lo conto el terrible sueño. El padre quedo en silencio por un rato –debes comprender hijo mío que los sueños son mensajes divinos y que muchas veces su mensaje está cifrado se prudente y paciente y la respuesta te será revelada cuando menos lo esperes- a pesar de las sabias palabras el corazón intranquilo de Wang no se apaciguo; aquella semilla del amor hacia crecido demasiado en su interior. Pasaron los días y Wang tomo la decisión de salir de su hogar para recorrer el mundo desconocido. Veinte años tardo en regresar, su padre ya había fallecido hacia un par de años, Wang había madurado, su rostro se había templado como la roca, sus ojos conservaban ese brillo infantil, había aprendido nuevas lenguas, escrito bellos poemas al amor y a la naturaleza, había conocido los brazos níveos de otras mujeres, pero ninguna experiencia en su largo peregrinaje le hizo olvidar aquel sueño de juventud. Wang llego al palacio del emperador y pidió una cita con este. El anciano monarca lo recibió cordialmente, Wang notó que una tristeza infinita nublaba los ojos del emperador –disculpe su majestad mi intromisión pero no puedo dejar de notar que una profunda amargura colma toda su excelencia, quisiera saber el porqué para intentar de algún modo curarla con alguno de mis versos- el emperador lo observó con resignación y benevolencia –Creo querido poeta que tus cantos no podrán alivianar la pena que me embarga. En unos de los inmensos cuartos de este palacio fallece trágicamente la vida de mi hija, la flor insigne de la juventud de mi sagrado reino- Wang al escuchar la noticia sintió como si una feroz hacha rompiera inmisericorde los anillos de su alma hasta pulverizarla y hacerla astillas. Wang lloró profundamente y desapareció del palacio, al fin había entendido el triste significado de su antiguo sueño. El guardián del árbol sagrado solo podía ofrecer a la princesa un postrimero tributo. Liu Zongyuan deja escrito en el último verso del poema el siniestro desenlace: “…entre feroces llamas se unieron las cenizas de los dos troncos desfigurados de los hermanos para que así el capricho inmortal de la princesa se hiciera realidad en una larga y triste noche.

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