ANTE LA ACCIÓN ABSURDA DE ESCRIBIR



Vuelvo a sentarme frente a ti, vieja máquina de escribir, donde mi abuelo escribió sus cartas de empleo, sus formulaciones y recibos. Ahora yo sin ningún pasado reciente, sin ninguna herencia literaria de mis ancestros catalanes, pretendo tontamente llevar a cabo esta novela utópica que quizás muera antes que yo. El primer capítulo sigue confuso, en la niebla de mi estúpida imaginación, nimias son mis armas del lenguaje narrativo, no tengo la chispa, ni el talento para la ironía y el humor, soy enmarañadamente parco, me excedo en florituras, en rimas melosas para enfundar mi falta de genio. Me lio a una poesía pueril y desgastada, para seducir a los lectores tarumbas, invisibles. Estoy echado a la ruina desde la primera hoja. Toole le sedería el puesto en el auto a mi prosa.  Miller con su obsceno trazo se aburriría de tanta estupidez conjurada en unas hojas… he de quedarme viendo horas y horas, con mi troilismo acelerado, este trozo de papel que acuñas a tu cuerpo, vieja maquinita, ojala tuviera talento de boticario, prestamista o contador, y quizás así, te daría un uso más útil.












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