lunes, 7 de agosto de 2017

Fragmento de una puta novela que nunca publicaré


A la mierda! no sirvo... tres décadas halándome la tripa, a los cuarenta estaré mas solo y mán en la mierda que lo que estoy ahora... vaginas lubricas que solo veré tras una pantalla delgada, porque no pretendo salir de esta prisión, porque me aburre el mundo allá afuera, porque me enferma la humanidad con todas sus cochinas morales exhibiéndose impúdicas, morales envidiosas cargadas de odio, morales asesinas que solo obtienen el orgasmo viendo desangrarse en la miseria al otro, contemplando como se suicidan los sueños y los triunfos ajenos. Para eso están los amigos, para verte caer, para regocijarte en tu miseria. Para eso estamos los amigos, para ser los juglares de aquellos que en el patetismo de su vida solo les cuesta bajar la mirada hasta nosotros para sobrellevar un mal día. Porque ellos solo tienen malos días, sujetos como yo simplemente tenemos una mala vida, una vida tan proclive que seguramente apaciguaremos algún día pegándonos un tiro… no tengo nada para decir en mi defensa, ya todas las excusas de mis fracasos han colmado el límite, no me queda más que abrazar la derrota, aferrarme a ella como a un ídolo e implorarle que me del coraje para arrancarme de una buena vez de esta estúpida comedia en la que ya no quiero ser participe. Estoy harto de aguantar las preguntas, las interacciones, las falsas sonrisas, las falsas promesas, los falsos orgasmos, las noches sin alcohol, la responsabilidad y la fatiga que lleva tirarse un bonito coño por más de tres días. Regla de tres no te cojas a una puta más de tres veces, o se enamora, eso dicen los libros historia. Trago saliva esta tarde mientras veo desde este cuarto como las horas se van a la mierda, tan solitarias como yo lo estoy.

domingo, 23 de julio de 2017

LA HORA DEL ANGELUS


Et Verbum caro factum est


La lepra carcomía sus palabras. Su lengua se perdía en un guirigay de cacofonías oscuras, tan oscuras como su sotana. Ya estaba viejo y no era descabellado pensar que había perdido el juicio por completo esa mañana, justo antes de despuntar el sol en el firmamento, en el instante mismo que solía rezar el Angelus. Pero sus palabras estaban huecas, deformadas, abstrusas, sin forma. Miraba desconsolado, la imagen auxiliadora de María que en su gesto dadivoso y frío parecía entender aquel mensaje inconcluso que intentaba decir a la joven Fernanda Albigense. La pobre muchacha lo contemplaba abrumada, intentando descifrar cada sutil balbuceo que de aquella boca decrépita del diácono Fraticelli emanaba. El anciano en un estado de demencial desesperación se puso de rodillas, y tomó de las manos a la muchacha y continuó en medio de lágrimas y alaridos vociferando fonemas que parecían más que el lenguaje de un hombre de dios, el bramido chirriante de una bestia estúpida y acorralada. Por su mente pasaba la flor de la derrota, se sabía acabado, ¿Qué puede hacer un diácono si no puede cantar en la iglesia en una mañana de domingo como esta? ¿Acaso una maldición babilónica había caído en la noche sobre su garganta? Fue allí donde sus lamentos, se hicieron tan insoportables, que la joven Fernanda Albigense, deshizo el lazo que se había consumado entre sus manos suaves primaverales y las verrugosas y cadavéricas el viejo canónico…
Al poco tiempo quedó solo, balbuceando como un salvaje, como una criatura del inframundo. Cuando el médico llegó para verle, su cuerpo yacía tieso en el suelo, con la boca llena de espuma y los ojos torcidos, uno mirando hacia la ventana y el otro hacia la imagen implacable de la virgen, en ambos se atisbaba aun un lacrimoso ruego hacia la nada.
Pocos días después de la muerte del diacono. Fernanda encontró un diario donde el finado explayaba de manera obscena y descarada toda clase de perfidias y fantasías perversas que imaginaba haciendo con ella. En aquel diario confesaba, que varias veces el viejo sátiro, se había metido a hurtadillas en el cuarto de la joven, en altas horas de la noche antes del alba, mientras ella dormía, para hurtarle su bacinilla y consumir un sorbo del crapuloso manjar. Según el puño y letra del diácono, de alguna manera estos actos profanos de gula y lujuria hacían que todo su cuerpo se estremeciera, y el infame gusano que escondía bajo la sotana sufriera unos leves espasmos que le hacían creer por instantes que aquel dilapidado miembro volvería a la vida como un Lázaro ciego.

Sin ninguna vergüenza confesó en aquel diario que le era infinitamente más gustoso beber aquel vulgar cáliz que le llenaba el vientre y el espíritu con los fluidos femeninos de Fernanda Albigense que del vino amargo de la eucaristía. Aseguraba el diácono Fraticelli que al realizar este insólito acto sentía que se devoraba el desierto y el mar de todo el mundo, que el eterno misterio que es la vida se develaba para él en un solo trago. 

sábado, 15 de julio de 2017

UNA CARTA PARA VERSTOHLEN

UNA CARTA PARA VERSTOHLEN


"Hermanos humanos, que viven después de nosotros,
no tengan contra nosotros endurecidos corazones,
pues, teniendo piedad de nuestras pobres almas,
Dios la tendrá antes de ustedes.
" F. Villon

 
En los anaqueles de su desesperación, Hugo Verstohlen, halló una nota fechada para dos semanas al punto desde aquel día hacia adelante. Un poco incrédulo del chascarrillo, que quizás la angustia y el láudano le procuraban desistió a creer que aquella nota provenía de un futuro tan próximo, quizás le fuera más llevadero para sus entendederas tomar la nota con una fecha más lejana, y más por el contenido inscrito en ella. Cualquier nota luctuosa causa asombro en el hombre que la recibe, y ni qué decir del pobre Hugo Verstohlen, que tenía los nervios de puntas desde hace ya varias horas, cuando su buen amigo Victor Schuld había sido inmiscuido en los recientes disturbios atribuidos sin lugar a dudas por los anarquistas. El horror es algo que no solo hace profunda mella en los culpables y los pecadores, el horror, y a prueba de esto el mismo Hugo Verstohlen puede dar su palabra, es un sentimiento que se afinca con mayor profundidad en el corazón de un alma inocente como la suya.
-¿Qué hacer ahora?- meditaba para sí, el taciturno Hugo Verstohlen, mientras sostenía atónito aquella nota anacrónica que cifraba la fatal noticia de… -es casi un hecho que vendrán por mí, antes de caer la tarde- continuaba su monologo interior -¿A dónde ir?... ¿dónde puede esconderse un hombre que sabiéndose inocente de toda culpa es acusado por todos los hombres?... ¡Ay de mí! Si tan solo el tiempo me diera una chanza para despedirme de mi prometida, la dulce Klara Zeit…- la campanilla, interrumpió sus meditaciones estériles, el horror creció hasta hacerse una criatura fabulosa, corrió hacia la ventana que daba a la calle, y allí los vio, a ellos, aquellos funcionarios sin alma, de trajes oscuros, de altos sombreros y narices afilas hasta el punto de semejarse a médicos de la peste. Pero estos individuos tan oscuros, no venían a curar peste alguna, o tal vez si, si en un caso metafórico, Hugo Verstohlen fuera una especie de peste para la sociedad…
El tránsito entre la presentación pausada de los tres individuos con la criada, fue tan alongado, que Hugo Verstohlen tuvo tiempo, para tomarse el último trago de coñac, pensar que en las horas de la mañana del día siguiente su fiel amigo colgaría, junto con un grupo de anarquistas en la plaza pública, mientras el vulgo voyerista, destrozaría con insultos la honra de aquel, buen hombre, que tanto adoraba los versos de Villon y que cual su héroe perecería en tan nefanda manera…
-¿Qué destino me espera cuando esos hombres suban por las escaleras? ¿habrá una leve posibilidad de redención para un hombre como yo? ¿puede acaso la eternidad ser perpetua y la calumnia un estado soberano? ...- Pensó Hugo Verstohlen un poco más sosegado y tomando la nota la leyó nuevamente.

“Vendrán hoy por ti. Y dos semanas más tarde volverás aquí, angustiado y sin saber muy bien porque, repetirás nuevamente esta interminable escena.

H.V.”

Y volvió a dejarla en el sitio que la había hallado. En ese preciso instante tocaron a su puerta.

miércoles, 12 de julio de 2017

VIRIL VEJEZ DE UN DESEO



El que ha sido monumento de vigor
Y amor… solaz de blandos cuerpos,
Ejemplo de tesón y desengaño
Ahora en arañazos del tiempo

Sostiene un rostro en ruinas
Do el fénix en cenizas duerme
Y el fiero león perece y la razón
Es huracán demencial de olvido.

Zigurat inconexo de espurio dios
Qué horas atrás pudo ser hombre,
Pero la carne se hizo sueño
Tras la carne de una mujer.

A las musas del deseo encumbró ritos
En el fragor y temple de su insigne balaustre
Ya hoy estéril y caduco anexo
Aquel que ayer vistiera marmóreo fardo.

Infames reliquias sus besos
Y caricias son
Ciegos de sangre los oteros
Vieron dormir su muerte
Antes de partir el sol.


martes, 6 de junio de 2017

Elegía para aquel que esta cansado

Tu que te levantas cada mañana y reniegas del sol, cansado de un nuevo día, de una nueva y mortecina ilusión.
Tu que pasas las noches insomne intentando franquear la espesa y seductora negrura que te susurra un misterio. Tu que estás cansado de mirar todo el tiempo la eterna pesadilla de existir. Esa maldita pesadilla que aun te hace soñar, ese único y ultimo sueño que no te permite descansar, ese que dibuja en tu rostro casi inexpresivo la perversa sombra de una sonrisa. Y te sueñas caer de muerte en muerte como Altazor.
Tu que no encuentras ya eco alguno en esos rostros huecos de los otros que ves en el abismo de sus vidas autómatas, que te acusan, te condenan y te olvidan…
Tu que te cansaste de los actos circenses de la vida, de las piruetas de payaso, de los trucos de ilusionista.
Tu que tienes la boca como un desierto de escupir en lo sagrado de la cultura y de hastiarte de lo profano que no es más que una moneda de una misma cara.
Tu que renegaste de tu estirpe, de tu oprobiosa herencia, de tu incierto e irrisorio porvenir.
Tu que descifraste el mutismo y el vacío que esconden las palabras y los gestos. Harto ya de los discursos de poetas y profetas que prometen el caos celestial.
Tu que alguna vez te escabulliste en subterfugios literarios, que adoraste falsos dioses, que creíste encontrar en los libros un consuelo.
Tu que repetiste tantas frases ajenas, en las que acunaste la ilusión de compartir un malestar colectivo, ese malestar que ahora te asfixia y te hace caminar tan lento y solitario, ese malestar que te hace perder el hilo de las cosas y tú por desgracia no tienes la gracia de ser amante de Aracne. Porque has preferido olvidarlo todo, aunque los recuerdos se agolpen como un muro, pero ¿a ti ya eso que te importa?
Tu que ya no tienes el corazón roto, ni remendado en mil pedazos. Tu que ya no eres un romántico como el joven Werther, aunque te seducen locamente sus actos. Tú ya no tienes tiempo para eso, pues tu corazón es un péndulo que marca las horas plenas de tu clausura.
Tu que estás cansado de gritar, de guardar silencio, de obedecer, de ser rebelde, de cuestionar y asumir los hechos y las especulaciones, de romper la norma, de excederte en los excesos, de amar y ser amado, de golpear y ser herido, de jugar al sabio y hacerte el tonto.
Tu que estas harto de este mundo de las ideas cubiertas de materia. Tu que te cansaste de todas las filosofías. Tu que creías ser nihilista, pero ahora lo niegas todo y te lo repites ante la soledad que te mira en las sombras. Porque tú no eres nada. Porque simplemente NO ERES.
No eres esa suma improbable entre infinitos ceros.
No eres la materia ni la antimateria oscura que gobierna el universo.
No eres parte del tiempo, ni de las cosas, ni de los recuerdos.
No eres el hijo de nadie. No tienes padre, ni nombre, ni madre, ni ley.
No eres un barco a la deriva pues no hay un mar ni un oleaje que te lleve a sitio alguno.
No eres una historia digna de ser contada, y, sin embargo, como vez acá estamos…
Tu desengañado y yo en calma, siempre he estado aquí aguardando toda tu vida este encuentro.
Yo que he esperado esta mañana soleada donde ya tan solo nos separa esa delgada línea que se agita con este viento vespertino.

Ven… ¿Qué esperas para dar el siguiente paso y estar juntos al fin?… Ven…

lunes, 20 de marzo de 2017

Doble bruma



Nunca fui y menos seré lo que he sido siendo, una vana sombra en la pared. Quimera de otra sombra que camina, que se pierde y se hace tiempo caduco, que simula la efigie postrimera de un hombre abstracto... Una sombra que se encorva, que suspira, que mira la sombra del sol arriba en una nube. Una sombra que arrastra los pasos con un bastón de piedra-sombra, diluyéndose en el humo de un cigarro, de infinitos cigarros que nunca han de apagarse, que no dejan de soplar humo, de crear la niebla en la que habito y dejo de existir, como un ser de ficción entre los sueños de otros escritores, me reconstruyo entre espasmos, titubeos de aquel que dice ser mi creador, bajo el manto de una lógica tenue que podría rayar con la cordura de los enfermos de vida, con una claridad que solo puede albergar el corazón de los suicidas. No soy el eco de la sombra que se transfigura y estira por la esquina, en la tarde de verano donde los niños idiotas juegan y ríen con sus amigos imaginaros, quizás otras sombras como yo, pero que son sombras de luz, espejos cristalinos que solo la mirada ingenua y perversa de los niños puede atisbar. Yo voy con el espectro de la vejez a cuestas o simplemente soy yo quien va a un costado unido a la muerte futura de aquella sombra que camina, de aquella sombra que mueve por las calles hasta caer la tarde, contemplando con deseo fúnebre las primeras prostitutas que se paran en la acera reflejando sombras mudas, cadavéricas, en el asfalto frío donde quizás hoy se muera un hombre joven sin llegar a la petite mort de la consciencia, en una cama de un motel cercano. Yo persigo a mi dueño, con la soga al cuello. Sin voluntad. Con el humo de su cigarro haciendo de mi memoria algo más efímero que el amor humano. Vago, vagamos, caminamos en silencio, en la niebla hacia la última calle donde se apagan las luces y el aire triste de la noche, murmura en su protolenguaje de sombras arruinadas: El bod obrusba le.

sábado, 11 de marzo de 2017

LA MANSIÓN DE OBLIQUE


Ya no sabe con precisión por cuanto tiempo ha dado vueltas al infinito corredor azul de la paracéntrica mansión  buscando las escalas que conducirán sus pasos al segundo piso, donde el magistrado Oblique le espera, quizás frunciendo el ceño por la escandalosa tardanza. Se detiene unos minutos fatigado, y se percata que el tiempo se ha detenido hace quien sabe cuánto, pues por la prisa olvidó darle vuelta a su reloj de bolsillo, que tanto atesora, al ser un legado familiar tan valioso para un hombre como él. Sin evidentes rasgos de preocupación, mira hacia arriba, aquellos cristales por donde la luz filtra  al final  de la bóveda. La tarde está cayendo, derrotada ante el tiempo que se detuvo en su reliquia de bolsillo. Baja nuevamente la vista, sabe que debe continuar su carrera por el corredor, tiene la ridícula idea que está siendo perseguido por alguien, pero solo son los ecos de sus pasos que resuenan en el corredor celeste, mientras recuerda con dilación, las palabras del viejo mayordomo que le abrió la pesada puerta de la mansión:
-Vaya derecho, por allí, bordeando la pared, esté atento y verá muy pronto una esquina, gire luego a la izquierda y allí mismo encontrará las escaleras que lo conducirán al recinto donde le espera el señor magistrado. -
Sus pasos permanecen, se prolongan… 

¿Puede acaso un hombre ser tan desatento de no sospechar y develar el  engaño, la vil trampa en la que se encuentra inmerso? Su tragedia no es la de Teseo. Es algo más simple, una vaga ligereza. Ha pasado por alto en sus incontables vueltas por el corredor, una palabra, un adjetivo y un hecho, por los que jamás podrá encontrar una esquina en aquella mansión, o por lo menos no lo hará hasta que las leyes de la geometría sean sometidas a un nuevo juicio por parte de una lógica deliberada y más compleja.